A los muchos desastres que de tropel sucedieron en esta parte de España, agregose otro mancillado de afrenta. Dueño de Valencia el mariscal Suchet, y enviadas a la derecha del Júcar las fuerzas que hemos arriba expresado, púsose asimismo en relación, ocupando a Buñol, con el ejército francés del centro, destacó a Cataluña la división de Musnier, necesaria allí por lo que ocurría, y destinó al general Severoli con los italianos a formalizar el sitio de Peñíscola.
Sitio
de Peñíscola.
Se eleva esta población sobre una empinada roca, mar adentro, a 120 toesas de la orilla con la cual no comunica sino por medio de una lengua de tierra bastante angosta. Escarpados y buenas obras rodean la plaza por todas partes; domínala interiormente un castillo, y se asemeja en compendio por su natural fortaleza a Gibraltar. Fue largo tiempo mansión de aquel papa Luna de condición tan obstinada, cuyo nombre lleva todavía una torre en donde parece moraba. Cubren al istmo en los temporales las oleadas, y estaba ahora reforzado el frente con baterías de varios pisos. Más allá, y paralelo a unas montañas vecinas, se extiende un marjal perenne, cuya inundación se había aumentado artificialmente, e interrumpido con cortaduras la calzada que le atraviesa y conduce a la citada lengua de tierra, único punto accesible para los franceses, no señores de la mar. Tenía la plaza mil hombres de guarnición y estaba abundantemente provista. Cruzaban por aquellas aguas barcos cañoneros y buques de guerra nuestros y aliados. Era gobernador Don Pedro García Navarro.
Acercose el general Severoli el 20 de enero a Peñíscola, y envió un parlamentario con proposiciones que fueron desechadas. De resultas, empezaron los enemigos a preparar el sitio, y se colocaron en las colinas y playas inmediatas. El 28 arrojaron bombas desde una batería de morteros distante 600 toesas. En la noche del 31 al 1.º de febrero formaron la línea paralela de faginas y gaviones que se prolongaba por detrás de la inundación, y torcía a su extremo meridional para continuar lo largo de la costa. En el opuesto construyeron baterías en las alturas. Las dificultades que tenían los sitiadores que vencer antes de aproximarse al cuerpo de la plaza parecían insuperables. No obstante prosiguieron los trabajos.
La toman
los franceses.
En el intermedio aconteció que viniese a parar a manos de los franceses un pliego que el gobernador García Navarro escribía al general español de Alicante: quejábase en su contenido del porte de los ingleses, y hablaba como si intentasen estos apoderarse de Peñíscola; añadiendo que preferiría en tal caso someterse a los enemigos. Barruntos tenía Suchet de la propensión de ánimo del García Navarro, si ya no ocultas relaciones; y en vista ahora del expresado pliego se apresuró a establecer con él negociación directa, para lo cual despachó al oficial de estado mayor Mr. Prunel. García Navarro inmediatamente se rindió a partido, y se rindió bajo la sola condición de que se permitiera a los suyos retirarse libremente adonde quisieren. En consecuencia se posesionaron los franceses de Peñíscola el 4 de febrero. Escandalosa entrega; pero aún más escandalosos y sin ejemplo los términos siguientes con que se encabezó la capitulación:[*] (* Ap. n. [17-5].) «El gobernador y la junta militar... convencidos de que los verdaderos españoles son los que unidos al rey Don José Napoleón procuran hacer menos desgraciada su patria.» Conducta infame
del gobernador
García Navarro. Basta. ¡Qué gobernador! ¡Qué junta militar! No paró aquí la desbocada conducta del primero. Entró después a servir al intruso, y recibió en premio honores y condecoraciones, escribiendo antes al mariscal Suchet entre otras cosas:[*] (* Ap. n. [17-6].) «V. E. debe estar bien seguro de mí: la entrega de una plaza fuerte que tiene víveres y todo lo necesario para una larga defensa... es un garante de mis promesas...» Memorial con relación de méritos sacados de la propia infamia.
Tal baldón, tales infortunios compensáronlos en parte dos acontecimientos felices y honrosos, que ocurrieron casi por el mismo tiempo.
Serranía
de Ronda
y Tarifa.
Fue el uno la defensa de Tarifa. Diose cuenta en su lugar de los refuerzos anglo-españoles que habían en octubre entrado en aquella plaza, como también de los movimientos concomitantes que hasta 1.º de noviembre ejecutó en la serranía de Ronda Don Francisco Ballesteros. Movimientos
de Ballesteros. El glorioso avance que hizo dicho general sobre Bornos en 5 de aquel mes, y otro que en su apoyo verificaron a la propia sazón, la vuelta de Vejer, el general Copons y el coronel inglés Skerret, pararon ahincadamente la consideración del mariscal Soult. Pero no hallándose este con suficientes fuerzas a causa de las que le ocupaban las inmediatas atenciones, y de tropas que había enviado a Extremadura por lo de Arroyomolinos, creyó necesario echar mano en parte de las de Granada para contener a Ballesteros y embestir a Tarifa. Así, ordenó que Leval se acercase a la serranía de Ronda con 6800 combatientes infantes y caballos, y que se le juntase en ella el general Barrois con 4200, debiendo también dirigirse un trozo de 3000 hombres de los que sitiaban a Cádiz sobre Facinas y otros puntos inmediatos. Tal avenida de fuerzas obligó a Ballesteros a refugiarse otra vez bajo el cañón de Gibraltar, dejando no obstante en las montañas una vanguardia a las órdenes de Don Antonio Solá, quien, asistido además de los serranos, tenía encargo de cortar al enemigo la comunicación e interceptarle las subsistencias. Cumplió debidamente este jefe con lo que le habían encomendado, y estrechando de cerca el 6 de diciembre a los franceses de Estepona, los obligó a huir y les cogió mochilas y equipajes. También Copons y Skerret evolucionaron para distraer al enemigo por la parte de Algeciras; mas, sabedores de que Tarifa era amenazada, tornaron de priesa a cubrir sus muros.
Sitian
los franceses
a Tarifa.