Massena, asentado a la derecha del Alva, destruyó los puentes pero no quedó en aquella orilla largo tiempo, porque continuando Wellington, según su costumbre, los movimientos por el flanco, obligó al mariscal francés a reunir el 18 casi todo su ejército en la sierra de Moita, que también evacuó este en la misma noche. Desde allí no se detuvo ya Massena hasta Celórico, por cuyo camino recto iba lo principal de su ejército, yendo solo el 2.º cuerpo la vuelta de Gouveia para cruzar la sierra y pasar a Guarda.

Cogieron los ingleses, el 19, bastantes prisioneros, sobre todo de los jinetes que se habían desviado a forrajear, y persiguieron a Massena con la caballería y división ligera al mando del general Erskine, que favorecían fuerzas enviadas a la derecha del Mondego y las milicias portuguesas, que no cesaron de inquietar al francés por aquel lado. Hizo alto el resto del ejército para descansar de nuevo y aguardar que le llegasen víveres del Tajo, pues el país vecino de poco o nada proveía. El grueso de las tropas francesas, en vez de seguir de Celórico a Pinhel, temeroso de hallar ocupados aquellos desfiladeros, varió de ruta, y el 23 continuó la retirada yendo hacia Guarda. Aquel día fue cuando el mariscal Ney se separó de su ejército y partió para España, mal avenido con Massena.

Los aliados al fin aparecieron reunidos el 26 en Celórico y sus inmediaciones, con intento de desalojar al enemigo de una posición respetable que ocupaba sobre la ciudad de Guarda, y el 29 se movieron resueltos a atacarla. Pero los franceses, recogiéndose a Sabugal del Coa, mantuvieron en la orilla derecha nuevas estancias.

Colocose Wellington en la margen opuesta, tratando el 3 de abril de cruzar el río. Para ello echó las milicias portuguesas, a las órdenes de los jefes Trant y Juan Wilson, por más abajo de Almeida, con trazas de querer cruzar por allí el Coa, al paso que intentaba verificarlo por el otro extremo, del lado de Sabugal, en donde permanecía el 2.º cuerpo francés. Hubo aquí dicho día un recio combate, dudoso algún tiempo, en el que los ingleses experimentaron bastante pérdida, pero logrando a lo último que los enemigos abandonasen sus puestos.

Entra en España.

Pasó el 5 Massena la frontera de Portugal y pisó tierra de España después de muchos meses de ausencia, y de una campaña desgraciada, si bien gloriosa con relación al talento y pericia militar que desplegó en ella. Pudiera tachársele de haber consentido desórdenes y de no haberse retirado a tiempo, mas lo primero se debió a la escasez del país y a la penuria y afán que traen consigo las guerras nacionales, y lo segundo a la voluntad del emperador, sordo a todo lo que fuese recejar en una empresa.

Wellington, permaneciendo en los confines de Portugal, colocó lo principal de su ejército en ambas orillas del Coa, embistió a Almeida, y puso una división ligera en Gallegos y Espeja.

Remató así la expedición de Massena en que vino a eclipsarse la estrella de aquel mariscal, conocido antes bajo el nombre de «hijo mimado de la victoria.» Contada la gente con que entró en Portugal y los refuerzos que llegaron después, puede asegurarse que ascendieron a 80.000 hombres los empleados en aquella campaña. Solos 45.000 salieron salvos, los demás perecieron de hambre, de enfermedad o a manos de sus contrarios. Y sin la extremada prudencia de Lord Wellington, y la destreza y celeridad del mariscal francés, quizá ninguno hollara de nuevo los linderos de España.

Pasa Wellington
a Extremadura.

Entonces el general británico, persuadido de que Massena no intentaría por de pronto empresa alguna, pensó concordar mejor las operaciones de Extremadura con las del Coa, y dejando el mando interino del ejército aliado a Sir Brent Spencer, se encaminó en persona hacia el Alentejo.