En aquellos días llegó asimismo a Elvas Lord Wellington, y el 22 hizo sobre Badajoz un reconocimiento. Era su anhelo recuperar la plaza en el término de dieciséis días, espacio de tiempo que, según su cálculo, tardaría Soult en venir a socorrerla. Y en consecuencia, presentándole el comandante de ingenieros inglés el plan de acometer el fuerte de San Cristóbal, como único medio de alcanzar el objeto deseado, aprobó Wellington la propuesta. Pero como exigiese su presencia lo que se aparejaba en el Coa, tornó a sus cuarteles y dejó encomendado a Beresford el acometimiento de Badajoz.

Solicitan
los ingleses
el mando militar
de las provincias
confinantes
de Portugal.

Al caer Wellington a Extremadura esperaba también obtener del gobierno español una señalada prueba de particular confianza. En marzo, el ministro inglés Sir Enrique Wellesley había pedido que se diese a su hermano el mando militar de las provincias aledañas de Portugal, para emplear así con utilidad los recursos que presentaban y combinar acertadamente las operaciones de la guerra. Súpole mal a la regencia tan inesperada solicitud; Niégaseles. mas deseosa de dar a su dictamen mayor fuerza, trató de sustentarlo con el de las cortes. Al efecto, en los primeros días de abril, pasó en cuerpo una noche con gran solemnidad al seno de aquellas, habiendo de antemano pedido que se celebrase una sesión extraordinaria. Indicaba asunto de importancia tan desusado modo de proceder, porque nunca se correspondían entre sí las cortes y la potestad ejecutiva, sino por medio de oficios o de los secretarios del despacho. Entró, pues, en el salón la regencia, y refiriendo de palabra el señor Blake la pretensión de los ingleses, expuso varias razones para no acceder a ella, conceptuándola contraria a la independencia y honor nacional, y añadiendo que antes dejaría su puesto que consentir en tamaña humillación. Entonces los otros dos regentes, los señores Agar y Císcar, poniéndose en pie, repitieron las mismas expresiones con tono firme y entero. Las cortes, conmovidas, como lo serán siempre en un primer arrebato los grandes cuerpos populares al oír sentimientos nobles y elevados, aplaudieron la resolución de la regencia, y diéronle entera aprobación. Desmaño fue en los ingleses entablar pretensión semejante poco después de lo ocurrido en la Barrosa, suceso que había agriado muchos ánimos, y después igualmente de no haber socorrido a Badajoz, contra cuya omisión clamaron hasta sus más parciales. En los regentes, si bien nacía tanto interés y calor de patriotismo el más acendrado, no dejaron también de tener parte en ello otras causas; pues, a la verdad, ya que fuese justo, como pensamos, desechar la solicitud, debiera al menos no haber aparecido la repulsa empeño apasionado. Pero los tres regentes, varones entendidos y purísimos, adolecieron en esta ocasión de humana fragilidad. Blake, irlandés de origen, y marinos Agar y Císcar, resintiéronse el uno de las preocupaciones de familia, los otros dos de las de la profesión.

Vuelve
Wellington
a su ejército
del norte.

Estuvo Wellington de vuelta en sus reales, ahora colocados en Vilar Formoso, el 28 de abril. Tiempo era que llegase. Massena, al entrar en España, había dado descanso por algunos días a su ejército y acantonádole en las cercanías de Salamanca, con destacamentos hasta Zamora y Toro. Dejó solo una división del 6.º cuerpo cerca de los muros de Ciudad Rodrigo, y el 9.º en San Felices, en observación del ejército aliado. Cuidó también, desde luego, de acopiar víveres para abastecer a Almeida, escasa de ellos y estrechamente bloqueada por los ingleses.

Preparado ya un convoy en los campos fértiles de Castilla, y repuesto algún tanto el ejército francés, decidió Massena socorrer aquella plaza, y el 23 de abril dio indicio de moverse. Tenía consigo el 2.º, 6.º y 8.º cuerpos, una parte del 9.º agregose a estos, y disponíase la otra a marchar a Extremadura bajo las órdenes de su jefe el general Drouet, quien debía encargarse en dicha provincia del mando del 5.º cuerpo; pero la última fuerza no habiendo todavía partido a su destino, asistió también a las operaciones que emprendió Massena en los primeros días de mayo. Muchos soldados de todos estos cuerpos quedaron en los acantonamientos, imposibilitados para el servicio activo, y llenaron sus huecos hasta cierto punto tropas apostadas en Castilla, entre las que se distinguía un hermoso cuerpo de artillería y caballería de la guardia imperial, fuerza que cedió a Massena el mariscal Bessières, a la cabeza ahora de lo que se llamaba ejército del norte, y oprimía a Castilla la Vieja y las provincias vascongadas. El total de hombres que de nuevo salía a campaña con Massena ascendía a cerca de 40.000 infantes, y a más de 5000 caballos, todos ágiles, bien dispuestos, y olvidados ya de sus recientes y penosos trabajos.

Batalla
de Fuentes
de Oñoro.

A poco de unirse Wellington a su ejército, recogiole y situose entre el río Dos Casas y el Turones, extendiendo su gente por un espacio de cerca de dos leguas. La izquierda, compuesta de la 5.ª división, la colocó junto al Fuerte de la Concepción; el centro, que guarnecía la 6.ª, mirando al pueblo de Alameda, y la derecha en Fuentes de Oñoro, en donde se alojaron la 1.ª, 3.ª y 7.ª división. Por el mismo lado se encontraba la caballería, y a cierta distancia, en Nave de Haver, Don Julián Sánchez con su cuerpo franco. La brigada portuguesa al mando de Pack y un regimiento inglés bloqueaban a Almeida. Wellington presentaba en batalla de 32 a 34.000 peones, 1500 jinetes y 43 cañones, inferior por consiguiente en fuerza a Massena, sobre todo en caballería.

No obstante eso y su acostumbrada prudencia, resolvió el general inglés arrostrar el peligro y trabar acción. Tanto le iba en impedir el socorro de Almeida. El 2 de mayo, todo el ejército francés empezó a moverse, y cruzó el Azaba, antes hinchado, retirándose las tropas ligeras inglesas apostadas en Gallegos y Espeja. El Dos Casas corre acanalado, y no es su ribera de fácil acceso. El pueblo de Fuentes de Oñoro está asentado en la hondonada a la izquierda del río, excepto una ermita y contadas casas que aparecen en una eminencia roqueña y escarpada. Los franceses, el 3, atacaron con impetuosidad dicho pueblo, y aun se apoderaron después de una lid porfiada de la parte baja, de donde a su vez los desalojaron los ingleses, forzándolos a repasar el río, o más bien riachuelo, de Dos Casas. En lo demás de la línea se escaramuzó reciamente, por lo que las tropas ligeras inglesas que se habían acogido a Fuentes de Oñoro, enviolas Wellington a reforzar el centro.

Todavía no estaba el 3 en su campo el mariscal Massena. Llegó el 4, y en su compañía Bessières que regía los de la guardia imperial. Wellington, según lo ocurrido el 3 y otras maniobras del enemigo, sospechó que este, para enseñorearse del sitio elevado que ocupaban en Fuentes de Oñoro las tropas inglesas, cruzaría el Dos Casas en Poço Velho, y procuraría ganar una altura hacia Nave de Haver, la cual domina toda la comarca: por tanto con la mira Wellington de evitar tal contratiempo movió por su derecha la 7.ª división que se puso así en contacto con Don Julián Sánchez, prolongándose desde entonces media legua más la línea de los aliados, aunque, (* Ap. n. [14-2].) conforme a la máxima ya de nuestro gran capitán [*] Gonzalo de Córdoba; «no hay cosa tan peligrosa como extender mucho la frente de la batalla.»