En la mañana del 5 se presentó en efecto el tercer cuerpo francés y toda la caballería del lado opuesto de Poço Velho, y el 6.º, a las órdenes ahora de Loison, con lo que quedaba del 9.º, se meneó por su izquierda. Sin tardanza reforzó Wellington la 7.ª división, del mando de Houston, con las tropas ligeras a la orden de Craufurd, las cuales habían vuelto del centro con la caballería gobernada por Sir Stapleton Cotton. Hizo también que la 1.ª y 3.ª división se corriesen a la derecha, siguiendo las alturas paralelas al Turones y Dos Casas, en correspondencia a la maniobra ejecutada en la parte frontera por el 6.º y 9.º cuerpo de los franceses.
Embistió luego el enemigo por Poço Velho, y arrojó de allí un trozo de la 7.ª división inglesa: fuese apoderando sucesivamente de un bosque vecino, y entre la espesura de este y Nave de Haver formó en un llano la caballería de Montbrun. Don Julián Sánchez, si bien con flacos medios, entretuvo a los jinetes enemigos, no cruzando el Turones hasta cosa de una hora después, y cedió entonces, no solo por la superioridad de la fuerza que le cargaba, sino también enojado de que a un oficial suyo, que enviaba a pedir auxilio, le hubiesen matado los ingleses tomándole por un francés.
Durante algún tiempo recobró la división ligera inglesa el terreno perdido de Poço Velho; pero el general Montbrun, desembarazado de Don Julián Sánchez, ciñó la derecha de la 7.ª división británica y la caballería de Cotton en tanto grado que tuvieron que replegarse, aunque reprimieron la impetuosidad francesa con acertado fuego.
Llegado que se hubo a este trance, Wellington, decidido poco antes a mantener por medio de sus maniobras la comunicación con la orilla izquierda del Coa, vía de Sabugal, al mismo tiempo que el bloqueo de Almeida, abandonó la primera parte de su plan y se concretó a la postrera. En ejecución de lo cual reconcentrose en Fuentes de Oñoro, y ocupó con la 7.ª división un terreno elevado más allá del Turones, tratando de asegurar de este modo su flanco derecho y el camino que va al puente de Castelo Bom sobre el Coa.
Practicaron los ingleses la evolución, aunque ardua, con felicidad y maña, y resultó de ella alojarse ahora su derecha en las alturas que medían entre el Turones y Dos Casas. Allí, en Fresneda, se incorporó la infantería de Don Julián Sánchez al ejército británico, viniendo por un rodeo de Nave de Haver, y a dicho jefe con su caballería enviole Wellington a interceptar las comunicaciones del enemigo con Ciudad Rodrigo.
Los más pensaban que Massena insistiría en cerrar con la derecha de los ingleses, y envolverla moviéndose hacia Castelo Bom. Pero en vez de ejecutar una maniobra que parecía la más oportuna y estaba indicada, limitose a cañonear por aquella parte, y a hacer amagos y algunas acometidas con la caballería sobre los puestos avanzados, fijando todo su anhelo en apoderarse de Fuentes de Oñoro y romper lo que ahora, en realidad, era centro de los ingleses.
Hasta la noche persistieron los franceses en este ataque reñidísimo, y con varia suerte. El 6.º cuerpo y el 9.º eran los acometedores, y Wellington, más tranquilo en cuanto a su derecha, reforzó con las reservas de ella la 1.ª y 3.ª división, que llevaron en el centro el principal peso de la pelea, portándose varios cuerpos portugueses con la mayor bizarría.
Lo recio del combate solo duró por la derecha hasta las doce: en Fuentes de Oñoro continuó, como hemos dicho, todo el día, y cesó repasando los franceses el Dos Casas, y quedándose los aliados en lo alto, sin que ni unos ni otros ocupasen el lugar situado en lo hondo.
Mientras que la acción andaba tan empeñada por la derecha y centro, el 2.º cuerpo, del mando de Reynier, aparentó atacar el extremo de la línea izquierda de los aliados que cubría Sir Guillermo Erskine con la 5.ª división, defendiendo al mismo tiempo los pasos del río Dos Casas por el lado del Fuerte de la Concepción y Aldea del Obispo. Reynier no se empeñó en ninguna refriega importante al ver al inglés pronto a aceptarla. Tampoco ocurrió suceso notable delante de Almeida, en donde se apostaba la 6.ª división, que regía el general Campbell. El convoy que los franceses tenían preparado con destino a Almeida, estuvo aguardando en Gallegos todo el día coyuntura favorable, que no se le presentó, para introducirse en la plaza.
La batalla, por tanto, de Fuentes de Oñoro puede mirarse como indecisa, respecto a que ambas partes conservaron poco más o menos sus anteriores puestos, y que el pueblo situado en lo bajo, verdadero campo de pelea, no quedó ni por unos ni por otros. Sin embargo, las resultas fueron favorables a los aliados, imposibilitado el enemigo de conservar y de avituallar a Almeida, que era su principal objeto. El ejército anglo-portugués perdió 1500 hombres, de ellos 300 prisioneros. El francés algunos más por su porfía de querer ganar las alturas de Fuentes de Oñoro.