Temía Wellington que los enemigos renovasen al día siguiente el combate, y por eso empezó a levantar atrincheramientos que le abrigasen en su posición. Mas los franceses, permaneciendo tranquilos el 6 y el 7, se retiraron el 8 sin ser molestados. Cruzaron el 10 el Águeda, la mayor parte por Ciudad Rodrigo, los de Reynier por Barba de Puerco.
Evacúan
los franceses
a Almeida.
Este día la guarnición enemiga evacuó a Almeida. Era gobernador el general Brennier, oficial inteligente y brioso. No pudiendo Massena socorrer la plaza, mandole que la desamparase. Fue portador de la orden un soldado animoso y aturdido, de nombre Andrés Tillet, que consiguió esquivar, aunque vestido con su propio uniforme, la vigilancia de los puestos ingleses. El gobernador, a su salida, trató de arruinar las fortificaciones, y preparadas las convenientes minas, al reventar de ellas abalanzose fuera con su gente, y burló a los contrarios que le cerraban con dobles líneas. Se encaminó en seguida apresuradamente al Águeda con dirección a Barba de Puerco, en donde le ampararon las tropas del mando de Reynier, conteniendo a los ingleses que le acosaban.
La conducta, en la jornada de Fuentes de Oñoro, de los generales en jefe Wellington y Massena sorprendió a los entendidos y prácticos en el arte de la guerra. Tan circunspecto el primero al salir de Torres Vedras, tan cauto en el perseguimiento de los contrarios, tan cuidadoso en evitar serios combates cuando todo le favorecía, olvidó ahora su prudencia y acostumbrada pausa; ahora que su ejército estaba desmembrado con las fuerzas enviadas al Guadiana, y Massena engrosado y rehecho, aventurándose a trabar batalla en una posición extendida y defectuosa que tenía a las espaldas la plaza de Almeida, todavía en poder de los enemigos, y el Coa de hondas riberas y de dificultoso tránsito para un ejército en caso de precipitosa retirada. Y ¿qué impelió al general inglés a desviarse de su anterior plan seguido con tal constancia? El deseo, sin duda, de impedir el abastecimiento de Almeida. Motivo poderoso; pero ¿era comparable acaso con la empresa, mucho menos arriesgada, de desbaratar al enemigo y destruirle en su marcha? No solo Almeida entonces, quizá también Ciudad Rodrigo hubiera caído en manos de los aliados, y el aniquilamiento del ejército francés de Portugal hubiera influido ventajosamente hasta en las operaciones de Extremadura, y de todo el mediodía de España.
Por su parte, Massena mostrose no tan atinado como de costumbre, pues a haber proseguido vigorosamente la ventaja alcanzada sobre la derecha inglesa, a la sazón que tuvo esta que replegarse y variar de puesto, la victoria se hubiera verosímilmente declarado por el ejército francés, y los nuevos laureles encubriendo los contratiempos pasados, quizá cambiaran la suerte entera de la guerra peninsular. Dícese que varios generales, sabiendo que iban a ser reemplazados, obraron flojamente y desavenidos.
Sucede
a Massena
en el mando
el mariscal
Marmont.
En efecto, Junot y Loison partieron en breve para Francia. Massena mismo cedió el mando el 11 de mayo al mariscal Marmont, duque de Ragusa, y Drouet, con los 10 a 11.000 hombres que le restaban del 9.º cuerpo, marchó la vuelta de las Andalucías y Extremadura.
El recién llegado mariscal acantonó su ejército en las orillas del Tormes, y solo dejó una parte entre este río y el Águeda, debiendo hacer mudanzas y arreglos en el orden y la distribución.
Wellington vuelve
a partir para
Extremadura.
Acampó Wellington su gente desde el Coa al Dos Casas; y el 16 del mismo mayo volvió a partir con dos divisiones a Extremadura, porque Soult, asistido de bastante fuerza, se adelantaba otra vez camino de aquella provincia.