Cometa.
En este tiempo los calores fueron excesivos y abrasadores, atribuyéndolo algunos a la presencia de un cometa resplandeciente que se dejó ver en la parte boreal de nuestro hemisferio durante muchos meses, y tuvo suspensa la atención de la Europa entera. Percibíase en Cádiz por el día, y alumbraba de noche al modo de una luna la más clara, acompañado de larga y rozagante cabellera. Tales apariciones aterraban a los pueblos de la antigüedad, siendo pocos los astrónomos y contados los filósofos [*] (* Ap. n. [14-4].) que conociesen en aquella era la verdadera naturaleza de estos cuerpos. En los siglos modernos la antorcha de la ciencia, empuñada en este caso por el gran Newton y el ilustre Halley,[*] (* Ap. n. [14-5].) ha difundido gran luz sobre las leyes que dirigen los movimientos y revoluciones de los cometas, y disipado en parte los vanos temores de la crédula y tenebrosa ignorancia.
Soult retrocede
a Sevilla.
Según insinuamos la correría de Blake al condado, aunque malograda, desvió de la Extremadura una porción de las tropas francesas. Soult salió de Badajoz el 27 de junio, y tornó a Sevilla, dirigiendo una división, a las órdenes del general Conroux, por Fregenal la vuelta de Niebla. Al retirarse avitualló de nuevo la plaza de Badajoz, y voló los muros de Olivenza, recinto que los ingleses habían abandonado cuando se pusieron detrás del Guadiana. Quedó a la izquierda de estos el general Drouet con el 5.º cuerpo.
Correrías
de Morillo.
Guardó la derecha algunos días el mariscal Marmont, cuyas espaldas eran a menudo molestadas por partidarios españoles. Quien más inquietó al enemigo hacia aquella parte fue Don Pablo Morillo, a la cabeza de la 2.ª división del 5.º ejército, que en vez de maniobrar unido con el cuerpo principal campeó sola y destacada de acuerdo con el general en jefe. Sorprendió en junio Morillo en Belalcázar al coronel Normant, matole 48 hombres y le cogió 111. Lo mismo hizo en Talarrubias el 1.º de julio, tomando al comandante 4 oficiales y 149 soldados. Acosado entonces por tres columnas enemigas, sorteó sus movimientos con bien entendidas, aunque penosas marchas y contramarchas, por lo intrincado de la Sierra Morena. Envió salvos al tercer ejército los prisioneros, que cruzaron sin tropiezo todo el país ocupado por los franceses, y, defendiéndose contra los que le iban al alcance, revolvió en seguida contra otros que se alojaban en Villanueva del Duque: escarmentolos el 22, y combatiendo siempre, entró en Cáceres el 31 y se abrigó de los suyos después de una correría de dos meses, feliz y gloriosa.
Repasa el Tajo
Marmont.
Tales inquietudes y otras no menos continuas, así como lo devastado del país, dificultaban al mariscal Marmont las provisiones, teniéndole que venir convoyadas hasta de Madrid por fuertes escoltas, hostigadas siempre, a veces dispersas. Por tanto, fortificando los antiguos castillos de Medellín y Trujillo, apostó aquí la división del general Foy con gran parte de la caballería, y el 20 de julio, repasando el mismo mariscal el Tajo, se colocó en rededor de Almaraz y Plasencia.
También
Wellington.
Wellington también cruzó aquel río, vía de Castelo Branco, contramarchando al mismo son ambos ejércitos, y solo dejó al general Hill en Arronches y Estremoz para cubrir el Alentejo. Don Francisco Javier Castaños, con la fuerza entonces corta del 5.º ejército, se acuarteló en Valencia de Alcántara y sus cercanías, explorando la caballería bajo el mando de Penne Villemur las comarcas vecinas. Íbanse así tornando los respectivos ejércitos y cuerpos a los puntos desde donde habían partido, y de cuya inmediata y peculiar conservación estaban antes como encargados.