DEL
LEVANTAMIENTO, GUERRA Y REVOLUCIÓN
de España.
LIBRO DECIMOQUINTO.
Operaciones
militares
a los extremos
de los ejércitos
combinados
anglo-hispano-portugueses.
A los opuestos y distantes extremos de los puntos en donde se ejecutaban las grandes y principales maniobras del ejército anglo-portugués y anglo-español, descubríanse por un lado las montañas de Ronda y el tercer ejército, acantonado en la raya de Granada y Murcia, y por el otro Galicia y Asturias, con el ahora llamado 6.º ejército. En ambas partes pudiera haberse molestado mucho al enemigo, si se hubiese sacado ventaja de los medios que proporcionaba el país, señaladamente Galicia, y de la favorable oportunidad que ofrecía el agolparse de las huestes francesas hacia la raya de Portugal. Pero, por desgracia, ciñéronse solo los esfuerzos a divertir la atención del enemigo, y a ponerle en la necesidad de emplear tropas que bastasen a observar y contener a las nuestras.
Ronda.
La serranía de Ronda, foco importante de insurrección, dividía, por decirlo así, el cuerpo francés sitiador de Cádiz del de Sebastiani, alojado en Granada. Gobernaba aquellas montañas, como antes, el general Valdenebro, presidente de la junta de partido; mas por lo común guiaban de cerca a los serranos caudillos naturales del país. Begines de los Ríos, con la primera división del 4.º ejército, apoyaba los movimientos de los habitadores y contribuía a mantener el fuego. Peleábase sin cesar, y ni las fuerzas que los franceses conservaban siempre en la misma sierra, ni las columnas que a veces destacaban de Sevilla, Granada o sitio de Cádiz eran suficientes para reprimir la insurrección. El paisanaje dispersábase cuando le atacaban numerosas fuerzas, y reconcentrábase cuando estas se disminuían, apellidando guerra por valles y hondonadas con instrumentos pastoriles, o usando de otras señales como de fogatas y cohetes. Inventaron los rondeños mil ardides para hostigar a sus contrarios, y en Gaucín subieron cañones hasta en los riscos más escarpados. Las mujeres continuaron mostrándose no menos atrevidas que los hombres, y en vano tentó el enemigo domar tal gente y tales breñas: desde principios de este año de 1811 hasta agosto anduvo la lid empeñada, y entonces animola, como veremos más adelante, la venida del general Ballesteros.