Murcia
y Granada.

No son muy de referir los acontecimientos que ocurrieron por el mismo tiempo en el tercer ejército, que antes componía parte del que llamaron del centro. Sucedió a Blake, cuando pasó a ser regente, el general Freire, quien, en diciembre de 1810, tenía asentados sus reales en Lorca y puesta su vanguardia en Albox, Huéscar y otros pueblos de los contornos. Franceses y españoles registraban a menudo el campo, y en febrero de 1811 quisieron los primeros internarse en Murcia, como para hacer juego con los movimientos de Soult en Extremadura. Extendiéronse hasta Lorca, ciudad que evacuó Freire, no llevando Sebastiani más allá sus incursiones, acometido de una consunción peligrosa.

Retirados los franceses, tornaron los nuestros a sus anteriores puestos y renovaron sus correrías y maniobras. Fue de las más notables la que practicaron el 21 de marzo. Don José O’Donnell, jefe de estado mayor, dirigiose con una división volante sobre Huércal Overa, y destacó a Lubrín al conde del Montijo, asistido de ocho compañías. Los enemigos allí alojados resistieron al conde, mas retirándose a poco, camino de Úbeda, viéronse perseguidos y experimentaron una pérdida de 180 hombres con algunos prisioneros.

Menguado cada día más el 4.º cuerpo francés, tuvo el general Sebastiani que ordenar la reconcentración de sus fuerzas cerca de Baza, aproximándolas por último a Guadix el 7 de mayo. De resultas, avanzó Freire y colocó su vanguardia en la Venta del Baúl, destacando por su derecha, camino de Úbeda y Baeza, a Don Ambrosio de la Cuadra, con una división y las guerrillas de la comarca.

Este movimiento, hecho con dirección a parajes por donde pudieran cortarse los comunicaciones de las Andalucías, alteró a los franceses que acudieron aceleradamente de Jaén, Andújar y otras guarniciones inmediatas para contener a Cuadra y atacarle. Trabose el primer reencuentro el 15 de mayo en la misma ciudad de Úbeda. Tres veces acometieron los enemigos y tres veces fueron rechazados, obligándolos a huir la caballería española, que trató de cogerlos por la espalda. Los franceses perdieron mucha gente, sirviéndoles de poco un regimiento de juramentados, que a los primeros tiros se dispersó. Afligió sobremanera a los nuestros la muerte del comandante del regimiento de Burgos, Don Francisco Gómez de Barreda, oficial distinguido y de mucho esfuerzo.

También el 24 intentaron los enemigos desalojar a los españoles de la Venta del Baúl, mandados estos por Don José Antonio Sanz. Cargó intrépidamente el francés, mas no pudo conseguir su objeto, impidiéndoselo un barranco que había de por medio y el acertado fuego de nuestra artillería, que manejaba Don Vicente Chamizo. Se limitó de consiguiente la refriega a un vivo cañoneo, que terminó por retirarse los franceses a Guadix y a la cuesta de Diezma.

A poco pensó igualmente Freire en distraer por su izquierda al enemigo, y a este propósito envió la vuelta de las Alpujarras, con dos regimientos, al conde del Montijo. En tan fragosos montes causó este algún desasosiego a la guarnición de Granada, y aproximándose a la ciudad, llegó hasta el sitio conocido bajo el nombre del Suspiro del Moro.

Estrechado Sebastiani, hubo ocasión en que pensó abandonar a Granada, cuyas avenidas fortificó, no menos que el célebre palacio morisco de la Alhambra. Aliviole en situación tan penosa la llegada de Drouet a las Andalucías, habiendo entonces sido reforzado el 4.º cuerpo; socorro con el que pudo este respirar más desahogadamente.

Pasa Sebastiani
a Francia.

Pero Sebastiani, al finar junio, pasó a Francia, ya por lo quebrantado de su salud, o ya más bien por las quejas del mariscal Soult, ansioso de regir sin obstáculo ni embarazo las Andalucías. El primero, durante su mando, no dejó de esmerarse en conservar las antigüedades arábigas de Granada, y en hermosear algo la ciudad; mas no compensaron, ni con mucho, tales bienes los otros daños que causó, las derramas exorbitantes que impuso, los actos crueles que cometió. Tuvo Sebastiani por sucesor al general Leval.