Galicia
y Asturias.
En Galicia y Asturias, el otro punto extremo de los dos en que ahora nos ocupamos, no anduvo en un principio la guerra mejor concertada que en Granada y Murcia. Don Nicolás Mahy conservó el mando hasta entrado el año de 1811, y ocupose, más que en la organización de su ejército, en disputas y reyertas provinciales. El bondadoso y recto natural de aquel jefe le inclinaba a la suavidad y justicia; pero desviábanle a veces malos consejos o particulares afectos puestos en quien no los merecía.
El ejército gallego permanecía casi siempre sobre el Bierzo y otros puntos del reino de León, y fue de alguna importancia la sorpresa que, en 22 de enero, hizo Don Ramón Romay acometiendo a la Bañeza, en donde cogió a los enemigos varios prisioneros, efectos y caudales. De este modo prosiguió por aquí la guerra durante los primeros meses del año.
En Asturias mandaba Don Francisco Javier Losada; pero subordinado siempre a Mahy, general en jefe de las fuerzas del principado, como lo era de las de Galicia. Tan pronto en aquella provincia se adelantaban los nuestros, tan pronto se retiraban, ocupando las orillas del Nalón, del Narcea o del Navia, según los movimientos del enemigo. Los choques eran diarios, ya con el ejército, ya con partidas que revoloteaban por los diversos puntos del principado. El más notable acaeció el 19 de marzo de este año de 1811 en el Puelo, distante una legua de Cangas de Tineo yendo camino de Oviedo, lugar situado en la cima de unos montes cuyas faldas, por ambos lados, lamen dos diferentes ríos. Losada se colocó en lo alto, que forma como una especie de cuña, y aguardó a los contrarios que le atacaron a las órdenes del general Valletaux. Nuestra fuerza consistía en unos 5000 hombres, inferior la de los franceses. Estaban con el general Losada Don Pedro de la Bárcena y Don Juan Díaz Porlier, sirviendo este de reserva con la caballería, y aquel con los asturianos de vanguardia. Tiroteose algún tiempo, hasta que, herido Bárcena en el talón, entró en los nuestros un terror pánico que causó completa dispersión. Losada y el mismo Bárcena, aunque desfallecido, hicieron inútiles esfuerzos para contener al soldado, y solo salvó a los fugitivos y a los generales la serenidad de Porlier y sus jinetes, que hicieron frente y reprimieron a los enemigos.
Tal contratiempo probaba más y más la necesidad en que se estaba de refundir todas aquellas fuerzas y darles otra organización, introduciendo la disciplina, que andaba muy decaída. En la primavera de este año empezose a poner en obra tan urgente providencia. El mando del 6.º ejército se había confiado a Castaños, al mismo tiempo que conservaba el del 5.º; acumulación de cargos más aparente que verdadera, y que solo tenía por objeto la unidad en los planes, caso de una campaña general y combinada con los anglo-portugueses. Y así, quien en realidad gobernó, aunque con el título de segundo de Castaños, fue Don José María de Santocildes, sucesor de Mahy, teniendo por jefe de estado mayor a Don Juan Moscoso. Ambas elecciones parecieron con razón muy acertadas: Santocildes habíase acreditado en el sitio de Astorga, logrando después escaparse de manos de los enemigos, y a Moscoso ya le hemos visto brillar entre los oficiales distinguidos del ejército de la izquierda. Se notaron luego los buenos efectos de estos nombramientos. En el país agradaron a punto de que se esmeraron todos en favorecer los intentos de dichos jefes, y hubo quien ofreció donativos de consideración.
Distribuyose el ejército en nuevas divisiones y brigadas, y se mejoró su estado visiblemente, siguiéndose en el arreglo mejor orden y severa disciplina. La 1.ª división, al mando del general Losada, quedó en Asturias, la 2.ª, al de Taboada, se apostó en las gargantas de Galicia camino del Bierzo, y la 3.ª, bajo Don Francisco Cabrera, en la Puebla de Sanabria. Permaneció una reserva en Lugo, punto céntrico de las otras posiciones. En principios de junio marchó a Castilla todo el ejército, excepto la división de Losada que se enderezó a Oviedo. Esta maniobra, ejecutada a tiempo que el mariscal Marmont había partido para Extremadura, produjo excelentes resultas. Evacuación
de Asturias. Los enemigos, por un lado, evacuaron el principado de Asturias, saliendo de su capital el 14 de junio, en donde se restablecieron inmediatamente las autoridades legítimas. Por el otro, destruyeron el 19 las fortificaciones de Astorga y se retiraron a Benavente, entrando el 22 en aquella ciudad el general Santocildes en medio de los mayores aplausos, como teatro que había sido de sus primeras glorias.
Acción
de Cogorderos.
Colocose el ejército español a la derecha del Órbigo, en donde se le juntó una de las brigadas de la división que se alojaba en Asturias. Bonnet, después que abandonó esta provincia, quedose en León, vigilándole en sus movimientos los españoles. Limitáronse al principio unas y otras tropas a tiroteos, hasta que en la mañana del 23 el general Valletaux, partiendo del Órbigo, atacó a la una del día a D. Francisco Taboada, situado hacia Cogorderos, en unas lomas a la derecha del río Tuerto. Sostúvose el general español no menos que cuatro horas, en cuyo tiempo acudiendo en su socorro la brigada asturiana a las órdenes de Don Federico Castañón, tomó este a los enemigos por el flanco y los deshizo completamente. Pereció el general Valletaux y considerable gente suya; cogimos bastantes prisioneros, entre ellos 11 oficiales, y se vio lo mucho que en poco tiempo se había adelantado en la formación y arreglo de las tropas.
Tampoco se descuidó el de las guerrillas del distrito, habiéndose facultado al coronel Don Pablo Mier para que compusiese con ellas una legión, llamada de Castilla. Muchas se unieron, y otras por lo menos obraron de acuerdo y más concertadamente.
Al entrar julio, hizo Santocildes un reconocimiento general sobre el Órbigo; y rechazando al enemigo, mostraron cada vez más los soldados del 6.º ejército su progreso en el uso de las armas y en las evoluciones. Así se fue reuniendo una fuerza que con la de Asturias rayaba en 16.000 hombres, llevando visos de aumentarse si los mismos caudillos proseguían a la cabeza.