Cataluña, Aragón
y Valencia.

Muy atrás nos queda Cataluña, y con ella Aragón y Valencia, provincias cuyos acontecimientos caminaban hasta cierto punto unidos, y a las que hacían guerra los cuerpos de Suchet y Macdonald, obrando de concierto para sujetarlas. Cuando en esta parte suspendimos nuestra narración, formalizaba Suchet el sitio de Tortosa y se cautelaba para que no le inquietasen las tropas y guerrillas de las provincias aledañas, ayudándole Macdonald, colocado en paraje propio a reprimir los movimientos hostiles del ejército de Cataluña, que a la sazón regía Don Miguel Iranzo. Reduplicó Suchet sus conatos al fenecer del año de 1810; y el bloqueo de aquella plaza, comenzado en julio y todavía no completado, convirtiose el 15 de diciembre en perfecto acordonamiento.

Sitio de Tortosa.

Asiéntase Tortosa a la izquierda del Ebro en el recuesto de un elevado monte, a cuatro leguas del Mediterráneo. Su población, de 11 a 12.000 habitantes. Las fortificaciones irregulares, de orden inferior, construidas en diversos tiempos, siguen en el torno que toman los altos y caídas la desigualdad del terreno. Al sudeste e izquierda siempre del río, se levantan los baluartes de San Pedro y San Juan, con una cortina no terraplenada, que cubre la media luna del Temple. El recinto se eleva después en paraje roqueño, amparado de otros tres baluartes, por donde embistió la plaza el duque de Orleans en la guerra de sucesión, y desde cuyo tiempo, considerado este punto como el más débil, se le enrobusteció con un fuerte avanzado, que todavía llevaba el nombre de aquel príncipe. Pasados dichos tres baluartes, precipítase la muralla antigua por una barranquera abajo, aproximándose en seguida al castillo, situado en un peñasco escarpado y unido con el Ebro por medio de un frente sencillo. Otro recinto, que parte del último de los tres indicados baluartes, se extiende por de fuera y, abrazando dentro de sí al castillo, júntase luego cerca del río con el muro más interno. Defienden los aproches de todo este frente tres obras exteriores; llaman a la más lejana las Tenazas, sita en un alto enseñoreador de la campiña. Comunica la ciudad con la derecha del Ebro, aquí muy profundo, por un puente de barcas, cubierto a su cabeza con buena y acomodada fortificación. Entre el río y una cordillera que se divisa a poniente, dilátase vasta y deliciosa vega, poblada antes del sitio de muchas caserías, y arbolada de olivares, moreras y algarrobos que regaban más de 600 norias. Parte de tanta frondosidad y riqueza talose y se perdió para despejar los alrededores de la plaza en favor de su mejor defensa. Se hallan por el mismo lado el arrabal de Jesús y las Roquetas. Desde mediados de julio gobernaba a Tortosa el conde de Alacha, que se señaló el año de 1808 en la retirada de Tudela. Era su 2.º Don Isidoro de Uriarte, coronel de Soria. Constaba la guarnición de 7179 hombres, y el vecindario, en su conducta, no desmereció al principio de la que mostraron otras ciudades de España en sus respectivos sitios.

Para cercar del todo la antes solo semibloqueada plaza, había Suchet ordenado el 14 de diciembre que el general Abbé quedase en las Roquetas, derecha del río; y que Habert, que antes mandaba en este paraje, pasase a la izquierda y ocupase las alturas inmediatas a la plaza, arrojando de allí a los españoles, lo cual acaeció el 15, después de haber los nuestros defendido la posición con tenacidad. Los enemigos echaron puentes volantes río arriba y río abajo de Tortosa, con objeto de facilitar la comunicación de ambas orillas.

Resolvieron también los mismos verificar su principal ataque por el baluarte, o más bien semibaluarte, de San Pedro, teniendo para ello primero que apoderarse de las eminencias situadas delante del fuerte de Orleans, las cuales enfilaban el terreno bajo. En su cima había Uriarte empezado a trazar un reducto, obra que Alacha, mal aconsejado, decidió no se llevase a cumplido efecto. Los franceses, por tanto, se enseñorearon fácilmente de aquellas cumbres, y abrieron el 19 la trinchera contra el fuerte de Orleans, ataque auxiliador del ya indicado como principal.

Dieron también comienzo a este último en la noche del 20, y para no ser sentidos, favorecioles el tiempo ventoso y de borrasca. Rompieron la trinchera partiendo del río, y prolongáronla hasta el pie de las alturas fronteras al fuerte de Orleans, distando solo de la plaza la primera paralela 85 toesas. El general Rogniat dirigía los trabajos de los ingenieros enemigos; mandaba su artillería el general Valée.

A la propia sazón reforzó a Suchet una división del ejército francés de Cataluña a las órdenes del general Frère, en la que se incluía la brigada napolitana del mando de Palombini. Envió Macdonald este socorro el 18 en ocasión que, escaso de víveres y temeroso de alejarse demasiado, volvía atrás de una correría que había emprendido hasta Perelló. Colocó Suchet la división recién llegada en el camino de Amposta.

Iba este adelante en los trabajos del asedio, y ponía su conato en el ataque del baluarte de San Pedro, que era, según hemos dicho, el más principal, sin descuidar el de su derecha, aunque falso, contra el frente de Orleans, como tampoco otro de la misma naturaleza que empezó a su izquierda a la otra parte del río, destinado a encerrar a los sitiados en sus obras.

En los días 23 y 24 hicieron los últimos algunas salidas; mas el 25 terminó el enemigo la segunda paralela, lejana solo por el lado siniestro 33 toesas del baluarte de San Pedro, distando por el otro del recinto unas 50, recogida allí en curva a causa de los fuegos dominantes del fuerte de Orleans. Hicieron de resultas los españoles, la noche del 25 al 26, dos salidas, una a las 11 y otra a la 1. En vela los enemigos, rechazaron a los nuestros, si bien después de haber recibido algún daño.