DEL
LEVANTAMIENTO, GUERRA Y REVOLUCIÓN
de España.
LIBRO DECIMOCUARTO.
Nueva
distribución
de los ejércitos
españoles.
Distribuyó la nueva regencia, en 16 de diciembre, la superficie de España en seis distritos militares comprendiendo en ellos así las provincias libres como las ocupadas, y destinando a la defensa de cada uno otros tantos ejércitos, con la denominación de 1.º de Cataluña, 2.º de Aragón y Valencia, 3.º de Murcia, 4.º de la Isla de León y Cádiz, 5.º de Extremadura y Castilla, 6.º de Galicia y Asturias. Añadiose poco después a esta distribución un 7.º distrito que abrazaba las provincias vascongadas, Navarra y la parte de Castilla la Vieja situada a la izquierda del Ebro, sin excluir las montañas y costa de Santander. Bajo la autoridad del general en jefe de cada distrito se mandaban poner las divisiones, cuerpos sueltos y partidas que hubiese en su respectivo territorio; con lo cual parecía introducirse mejor orden en la guerra y apropiada subordinación. Hasta ahora no se había realmente variado la primera determinación de la junta central que repartió en cuatro los ejércitos del reino: las circunstancias, los desastres y providencias parciales la habían solo alterado, careciendo de regla fija respecto de las guerrillas o cuerpos que campeaban francos en medio del enemigo.
La que tienen
los ejércitos
franceses.
Pero esta coordinación de distritos y ejércitos no podrá a veces guiarnos en nuestro trabajo, pendiendo casi siempre las grandes maniobras militares de los planes de los franceses, quienes, al fin de 1810 y comienzo de 1811, tenían apostados en el ocaso, mediodía y levante sus tres grandes cuerpos de operaciones, hallándose el primero en Portugal frente a los ingleses; el segundo en las Andalucías y Extremadura, y el otro en Cataluña y mojoneras de Aragón y Valencia. No se incluyen aquí las divisiones francesas que guerreaban sueltas, ni los ejércitos o cuerpos que llamaban del centro y norte, cuyas tropas, a más de servir de escudo al gobierno intruso de Madrid, cubrían los caminos militares en los que hormigueaban a la continua partidarios españoles. La posición del enemigo para obrar ofensivamente llevaba ventaja a la de los aliados que, diseminados por la circunferencia de la península, no podían en muchos casos darse tan pronto la mano ni concertarse.