Por lo general seguiremos ahora en la relación de los sucesos más prominentes los movimientos u operaciones de las tres grandes masas francesas arriba indicadas.

Acontecimientos
militares
en Portugal.

Dejamos en noviembre de 1810 al ejército aliado en las líneas de Torres Vedras, y fronteros a él los cuerpos enemigos que capitaneaba el mariscal Massena. Individualizamos en su lugar las respectivas estancias y fuerza de las partes beligerantes; y de creer era, según uno y otro, que el general francés, a fuer de prudente, se hubiese retirado sin tardanza, temeroso de la hambre y otros contratiempos. Mas, avezado a la victoria, repugnábale someterse a los irrefragables decretos de su hado adverso. Y no le movían ni las muchas enfermedades de que adolecía su ejército, ni las bajas de este, picado a retaguardia y hostigado por el paisanaje portugués. Aguardó para resolverse a variar de asiento a que estuviesen devastadas las comarcas en derredor, y entonces no trató aún de replegarse a la raya de España, sino solo de buscar algunas leguas atrás nueva posición en donde le escaseasen menos las vituallas, y a cuyo punto pudiera llamar a los ingleses, sacándolos de sus inexpugnables líneas.

Retírase Massena
a Santarén.

Tomó, en consecuencia, Massena con mucha destreza disposiciones preparatorias que disfrazasen su intento, pues a no obrar así, sucediérale lo que en tales casos se decía antiguamente en Castilla: «si supiese la hueste qué hace la hueste, mal para la hueste»; máxima que indica lo necesario que es ocultar al enemigo los planes que se hayan premeditado. El mariscal francés, después de enviar delante bagajes, enfermos, todo lo que los romanos conocían tan propiamente bajo el nombre de impedimenta, hizo desfilar a las calladas algunas de sus tropas, y él se alejó en persona de las líneas inglesas en la noche del 14 al 15 de noviembre. Parte de la fuerza enemiga marchó por la calzada real sobre Santarén, parte por Alcoentre, la vuelta de Alcanede y Torres Novas. Los ingleses no se cercioraron del movimiento hasta entrada la mañana del 15, siendo esta nebulosa. Aun entonces no interrumpió Wellington la retirada, conservando en los atrincheramientos y fuertes casi todo su ejército, y enviando solo dos divisiones que siguiesen al enemigo. Dejaba este en pos de sí un rastro horrible de cadáveres, hediondez y devastación.

Síguele
Wellington
lentamente.

Vacilaba Wellington acerca del partido que le convenía tomar, cierto de que caminaban por Ciudad Rodrigo refuerzos a Massena. Pues el movimiento retrógrado podría serlo de reconcentración, o un armadijo para sacar fuera de las líneas a los ingleses, y revolver el enemigo sobre su propia izquierda a Torres Vedras por el Montejunto, mientras los aliados le perseguían a retaguardia. Sin embargo, muchos pensaron que sin arriesgar la suerte de las líneas, hubiera podido Lord Wellington soltar mayor número de sus tropas, picar vivamente a los contrarios, y aun causarles grande estrago en los desfiladeros de Alenquer.

Prosiguiendo los franceses su marcha, viose claramente cuál era su intento; solo quedó la duda de si dirigirían su retirada por el Cécere o por el Mondego. Wellington quiso entonces estrecharlos, y aun tuvo determinado acometer a Santarén, para lo que se preparó, disponiendo antes que el general Hill cruzase el Tajo con una división y un regimiento de dragones, y que se moviese sobre Abrantes.

Nuevas estancias
de Massena.

Fundábase la resolución de Wellington en creer que los franceses habían solo dejado en Santarén una retaguardia: pero no era así. Massena habíase parado, y no pensaba llevar más allá sus pasos. En Torres Novas tenía sentado su cuartel general, en donde se alojaba la izquierda del 8.º cuerpo, cuya restante tropa extendíase hasta Alcanede, y de allí, por Leiría, ocupaba la tierra la mayor fuerza de jinetes. Permanecía de respeto en Tomar el 6.º cuerpo, del cual la división mandada por el general Loison dominaba los fértiles llanos de Golegã, ayudada del 2.º cuerpo, dueño de Santarén, cabecera, por decirlo así, de toda la posición.