DEL

LEVANTAMIENTO, GUERRA Y REVOLUCIÓN

de España.

LIBRO DECIMOSEXTO.


Abren las cortes
sus sesiones
en Cádiz.

Trasladadas las cortes de la Isla de León a Cádiz, abrieron las sesiones en esta ciudad el 24 de febrero, según ya apuntamos. El sitio que se escogió pava celebrarlas fue la iglesia de S. Felipe Neri, espaciosa y en forma de rotonda. Se construyeron galerías públicas a derecha y a izquierda, en donde antes estaban los altares colaterales, y otra más elevada encima del cornisamento, de donde arranca la cúpula. Era la postrera galería angosta, lejana y de pocas salidas, lo que dio ocasión a alguno que otro desorden que a su tiempo mencionaremos, si bien enfrenados siempre por la sola y discreta autoridad de los presidentes.

Presupuestos
presentados
por el ministro
de hacienda.

En 26 de febrero se leyó en las cortes, por primera vez, un presupuesto de gastos y entradas. Era obra de Don José Canga Argüelles, secretario a la sazón del despacho de hacienda. La pintura que en el contexto se trazaba del estado de los caudales públicos aparecían harto dolorosa. «El importe de la deuda [*] (* Ap. n. [16-1].) [expresaba el ministro] asciende a 7.194.266.839 rs. vn., y los réditos vencidos a 219.691.473 de igual moneda.» No entraban en este cómputo los empeños contraídos desde el principio de la insurrección, que por lo general consistían en suministros aprontados en especie. El gasto anual, sin los réditos de la deuda, le valuaba el señor Canga en 1.200.000.000 de reales, y los productos en solo 255.000.000. «Tal es [continuaba el ministro] la extensión de los desembolsos y de las rentas con que contamos para satisfacerlas, calculadas aproximadamente por no ser dado hacerlo con exactitud, por la falta a veces de comunicación entre las provincias y el gobierno, por las ocurrencias militares de ellas...» «Si la santa insurrección de España hubiera encontrado desahogados a los pueblos, rico el tesoro, consolidado el crédito y franqueados todos los caminos de la pública felicidad, nuestros ahogos serían menores, más abundantes los recursos, y los reveses hubieran respetado a nuestras armas; pero una administración desconcertada de veinte años, una serie de guerras desastrosas, un sistema opresor de hacienda, y sobre todo la mala fe en los contratos de esta y el desarreglo de todos los ramos, solo dejaron en pos de sí la miseria y la desolación; y los albores de la independencia y de la libertad rayaron en medio de las angustias y de los apuros...» «A pesar de todo, hemos levantado ejércitos; y combatiendo con la impericia y las dificultades, mantenemos aún el honor del nombre español, y ofrecemos a la Francia el espectáculo terrible de un pueblo decidido que aumenta su ardor al compás de las desgracias...»