Rendición
de la guarnición
de Cervera.

Atacó el barón a los franceses de Cervera, y el 11 los obligó a rendirse: ascendió el número de los prisioneros a 643 hombres. Estaban atrincherados los enemigos en la universidad, edificio suntuoso, no por la belleza de su arquitectura sino por su extensión y solidez, propias para la defensa. Había fundado aquella Felipe V cuando suprimió las otras universidades del principado en castigo de la resistencia que a su advenimiento al trono le hicieron los catalanes. Cogió también Eroles a Don Isidoro Pérez Camino, corregidor de Cervera nombrado por los franceses, hombre feroz que a los que no pagaban puntualmente las contribuciones o no se sujetaban a sus caprichos, metía en una jaula de su invención, la cabeza solo fuera, y pringado el rostro con miel para que atormentasen a sus víctimas en aquel potro hasta las moscas. A la manera del cardenal de la Balue en Francia, llegole también al corregidor su vez, con la diferencia de que la plebe catalana no conservó años en la jaula al magistrado intruso, como hizo Luis XI con su ministro. Son más ardorosas y, por tanto, caminan más precipitadamente las pasiones populares. El corregidor pereció a manos del furor ciego de tantos como había él martirizado antes, y si la ley del talión fuese lícita, y más al vulgo, hubiéralo sido en esta ocasión contra hombre tan inhumano y fiero.

De Bellpuig.

Se rindió en seguida en 14 del mismo octubre al barón de Eroles la guarnición de Bellpuig, atrincherada en la antigua casa de los duques de Sesa. Muchos de los enemigos perecieron defendiéndose, y se entregaron unos 150.

Revuelve Eroles
sobre la frontera
de Francia.

Escarmentado que hubo el de Eroles a los franceses del centro de la Cataluña, y cortada la línea de comunicación entre Lérida y Barcelona, revolvió al norte con propósito hasta de penetrar en Francia. Obró entonces mancomunadamente con Don Manuel Fernández Villamil, gobernador a la sazón de la Seu de Urgel, y sirviole este de comandante de vanguardia. Rechazó ya al enemigo en Puigcerdá el barón, el 26 de octubre, y le combatió bravamente el 27 en un ataque que el último intentara. Al propio tiempo Villamil se dirigió a Francia por el valle de Querol, desbarató el 29 en Marens a las tropas que se le pusieron por delante, saqueó aquel pueblo que sus soldados abrasaron, y entró el 30 en Ax. Exigió allí contribuciones, e inquietó toda la tierra, repasando después tranquilamente la frontera. Sostenía Eroles estos movimientos.

Acertada
conducta de Lacy.

Pero el centro de todos ellos era Don Luis Lacy, quien cautivó con su conducta la voluntad de los catalanes, pues al paso que procuraba en lo posible introducir la disciplina y buenas reglas de la milicia, lisonjeábalos prefiriendo en general por jefes a naturales acreditados del país, y fomentando el somatén y los cuerpos francos a que son tan aficionados. La situación entonces de la Cataluña indicaba además como mejor y casi único este modo de guerrear.

Y alrededor de la fuerza principal que regía Lacy o su segundo Eroles, y cerca de las plazas fuertes y por todos lados, se descubrían los infatigables jefes de que en varias ocasiones hemos hecho mención, y otros que por primera vez se manifestaban o sucedían a los que acababan gloriosamente su carrera en defensa de la patria. Seríanos imposible meter en nuestro cuadro la relación de tan innumerables y largas lides.

Pasa Macdonald
a Francia.
Le sucede
Decaen.