Vanas tentativas
de Godinot.
Malográndosele así a Godinot el destruir a Ballesteros, quiso, sin dejar de observarle, explorar la comarca de Tarifa, y aun enseñorearse por sorpresa de esta plaza. No anduvo en ello tampoco muy afortunado. El camino que tomaron sus tropas fue el del Boquete de la Peña, orilla de la mar, paso angosto que, dominado por los fuegos de los buques británicos, no pudieron los franceses atravesar, teniendo el 18 de octubre que retroceder a Algeciras. Aun sin eso nunca hubiera Godinot conseguido su intento. Tarifa socorrida. La guarnición de Tarifa había sido por entonces reforzada con 1200 ingleses al mando del coronel Skerret, que vimos en Tarragona, y con 900 infantes y 100 caballos españoles bajo las órdenes del general Copons.
Retírase Godinot.
En el intermedio renovaron los rondeños sus acostumbradas excursiones, molestaron por la espalda a los enemigos y les cortaron los víveres; de los que escaso Godinot, hubo de replegarse, picándole Ballesteros la retaguardia. Se restituyó a Sevilla el general francés, y reprendido por Soult, que ya le quería mal desde la acción de Zújar por no haber sacado de ella las oportunas ventajas, alborotósele el juicio Se mata. y se suicidó en su cama con el fusil de un soldado de su guardia. Había antes mandado en Córdoba, y cometido tales tropelías, y aun extravagancias, que mirósele ya como a hombre demente.
Sorprende
Ballesteros
a los franceses
en Bornos.
No desaprovechó Ballesteros la ocasión de la retirada de los enemigos, y esparciendo su tropa para disfrazar una acometida que meditaba, juntola después en Prado del Rey; marchó en seguida de noche y calladamente, y sorprendió el 5 de noviembre en Bornos, derecha del Guadalete, al general Semellé, a quien ahuyentó y tomó 100 prisioneros, mulas y bagajes.
Juan Manuel
López.
Fatigado Soult de tan interminable guerra, trató de aumentar el terror poniendo en ejecución contra un prisionero desvalido el feroz decreto que había dado el año anterior. Llamábase aquel Juan Manuel López: era sargento, con veinte años de servicio, de la división de Ballesteros, y arrebatáronle desempeñando una comisión, que le había confiado su general, para recoger caballos y acabar con ciertos bandoleros que, so capa de patriotas, robaban y cometían excesos. Las circunstancias que acompañaron a la causa que se le formó hicieron muy horrible el caso. Negábase a juzgar a López la junta criminal de Sevilla, obligola Soult mandándole al mismo tiempo que, a pesar de estar prohibida por el rey José la pena de horca, la aplicase ahora en lugar de la de garrote. La junta absolvió sin embargo al supuesto reo. Muy disgustado Soult, ordenó que se volviese a ver la causa, sin conseguir tampoco su odioso intento. Irritado el mariscal cada vez más, creó una comisión criminal compuesta de otros ministros, quienes también absolvieron a López, declarándole simplemente prisionero de guerra. La alegría fue entonces universal en Sevilla, y mostráronlo abiertamente por calles y plazas todas las clases de ciudadanos. Pero, ¡o atrocidad!, todavía estaba el infeliz López recibiendo por ello parabienes, Crueldad
de Soult. cuando vinieron a notificarle que una comisión militar escogida por el implacable Soult acababa de condenarle a la pena de horca sin procedimiento ni diligencia alguna legal. Ejecutose la inicua sentencia el 29 de noviembre. Desgarra el corazón crudeza tan desapiadada y bárbara; e increíble pareciera a no resultar bien probado que todo un mariscal de Francia se cebase encarnizadamente en presa tan débil, en un soldado, en un veterano lleno de cicatrices honrosas.
RESUMEN