Trasladose este último jefe a Galicia, yendo de Ciudad Rodrigo por Portugal, y pisó a principios de abril aquel territorio. Para alentar con su presencia a los habitantes, juzgó del caso no solo tomar providencias militares y administrativas, sino también halagar los ánimos con la deleitable perspectiva de un mejor orden de cosas. Decíales, por tanto, en una proclama datada en Pontevedra a 14 de abril:[*] (* Ap. n. [19-1].) «Mi buena suerte me proporciona ser quien ponga en ejecución en el reino de Galicia la nueva Constitución del imperio español, ese gran monumento del saber y energía de nuestros representantes en el Congreso nacional, que asegura nuestra libertad, y ha de ser el cimiento de nuestra gloria venidera.»

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de los franceses
en Asturias.

Volvieron los franceses a mediados de mayo a ocupar a Asturias; ya por lo que agradaba al general Bonnet residir en aquella provincia donde obraba con independencia casi absoluta, ya por disposición del mariscal Marmont, en busca de carnes de que escaseaba su ejército en Castilla. La permanencia entonces no fue larga ni tampoco tranquila, siendo de notar, entre otros hechos, la defensa que el coronel de Laredo, Don Francisco Rato, hizo en el convento de San Francisco de Villaviciosa contra el general Gauthier, que no pudo desalojarle de allí a la fuerza. Tuvo Bonnet que evacuar el principado en junio, aguijados los suyos hacia Salamanca por los movimientos de los anglo-portugueses. Su salida. Verificaron los franceses la salida del lado de la costa, vía de Santander, temerosos de encontrar tropiezos si tomaban el camino de las montañas que parten términos con León. El mando del sexto ejército español, después de una corta interinidad del marqués de Portago, recayó de nuevo en Don José María de Santocildes con universal aplauso.

Séptimo distrito.

Muchos continuaban siendo los reencuentros y choques de los diversos cuerpos y guerrillas que formaban el séptimo ejército bajo Don Gabriel de Mendizábal, quien, poniéndose al frente, cuándo de unas fuerzas cuándo de otras, juntábalas o las separaba según creía conveniente, estrechando en una ocasión a los franceses de Burgos mismo.

Porlier.

De los jefes que le estaban subordinados, maniobraba Porlier, conforme hemos visto, al este de Asturias, siempre que el principado se hallaba en poder de enemigos, acudiendo en el caso contrario a los llanos de Castilla o a Santander, o bien embarcándose a bordo de buques ingleses y españoles en amago de algunos puntos de la costa.

Otros caudillos.

Lo mismo ejecutaban en Cantabria el ya nombrado Don Juan López Campillo, con Salcedo, La Riva y otros varios caudillos.

Junta de Vizcaya.