Cuarto distrito.
En el cuarto distrito manteníase la mayor parte de su ejército en la Isla de León con buena disciplina y orden, yendo en aumento su fuerza más bien que en mengua. Las salidas en este tiempo no fueron muchas ni de entidad. Continuaba maniobrando por el flanco derecho en Ronda Ballesteros. el general Ballesteros, habiendo atacado el 16 de febrero en Cártama al general Maransin. Desbaratole con pérdida considerable, siendo además herido gravemente de dos balazos el general francés. En seguida tornó Ballesteros al Campo de Gibraltar, por venir tras de él con bastante gente el general Rey: tomó el español la ofensiva no mucho tiempo después con objeto, según veremos, de atraer a los enemigos de Extremadura.
Quinto distrito.
Aquí y en todo el quinto distrito se hallaba reducido el ejército por escasez de medios, si bien apoyado en el cuerpo que gobernaba el general Hill. Consistía su principal fuerza en las dos divisiones Penne y Morillo. que mandaban el conde de Penne Villemur y Don Pablo Morillo. Coadyuvaron ambas a las operaciones que favorecieron el sitio y reconquista de Badajoz, de que hablaremos más adelante. Penne solía acudir al condado de Niebla y libertar de tiempo en tiempo aquellos pueblos que enviaban de continuo provisiones a Cádiz, y formaban como el flanco izquierdo de tan inexpugnable plaza. Morillo con su acostumbrada rapidez y destreza hizo en enero una excursión en la Mancha, y llegó hasta Almagro. Entró el 14 en Ciudad Real, en donde le recibieron los vecinos con gran júbilo, y volvió a Extremadura después de molestar a los franceses, de causarles pérdidas, cogerles algunos prisioneros, y alcanzar otras ventajas.
Partidas.
Las partidas de este distrito, sobre todo las de Toledo, seguían molestando al enemigo; y Palarea, uno de los principales guerrilleros de la comarca, recibió del príncipe regente de Inglaterra, por mano de Lord Wellington, un sable, «en prueba de admiración por su valor y constancia.»
Sexto distrito.
Evacuación
de Asturias.
El ejército del sexto distrito contribuyó con sus movimientos a acelerar la evacuación de Asturias verificada nuevamente a últimos de enero, en virtud de órdenes de Marmont, apurado con el sitio y toma de Ciudad Rodrigo. No pudieron los franceses ejecutar la salida del principado sino a duras penas por las muchas nieves, y molestados por los paisanos y tropas asturianas, como asimismo por Don Juan Díaz Porlier que los hostilizó con la caballería, cogiendo bagajes y muchos rezagados. También perecieron no pocos hombres, dinero y efectos a bordo de cinco trincaduras que tripularon los enemigos en Gijón, de las cuales se fueron cuatro a pique acometidas de un temporal harto recio.
Por lo demás, las operaciones del sexto ejército en el invierno se limitaron a algunos amagos, a causa de lo riguroso de la estación, y en espera de los movimientos generales que preparaban los aliados. Mandábale como antes Don Francisco Javier Abadía, conservando la potestad suprema militar el general Castaños que, según indicamos, gozaba también de la del quinto y séptimo ejército.
Proclama
del general
Castaños.