Tampoco perjudicaban a la tropa reglada algunas guerrillas que empezaban a rebullir hasta en las mismas puertas de la ciudad de Valencia; principalmente la del Fraile, denominada así por capitanearla el franciscano descalzo Fr. Asensio Nebot, que importunaba bastantemente al enemigo con acometimientos y sorpresas.
Empresas
del Empecinado,
de Villacampa
y de Durán.
Pero las partidas que se mostraban incansables en sus trabajos eran las ya antes famosas del Empecinado, Villacampa y Durán, pertenecientes a este segundo distrito. El conde del Montijo, a quien Blake había nombrado jefe de todas tres, retirose, verificada la rendición de Valencia, y se incorporó a las reliquias de aquel ejército, campeando de nuevo por sí los mencionados caudillos según deseaban, y cual quizá convenía a su modo de guerrear.
El Manco.
Tuvo Don Juan Martín el Empecinado que deplorar en 7 de febrero la pérdida de 1200 hombres, acaecida en Rebollar de Sigüenza en un reencuentro con el general Gui, estando para ser cogido el mismo Empecinado en persona, quien solo se salvó echándose a rodar por un despeñadero abajo. Achacaron algunos tal descalabro a una alevosía de su segundo Don Saturnino Abuín, llamado el Manco, y parece que con razón, si se atiende a que hecho prisionero este tomó partido con los enemigos, empañando el brillo de su anterior conducta. Ni aun aquí paró el Manco en su desbocada carrera; preparose a querer seducir a Don Juan Martín y a otros compañeros, aunque en balde, y a levantar partidas que apellidaron de contra-Empecinados: las cuales no se portaron a sabor del enemigo, pasándose los soldados a nuestro bando luego que se les abría ocasión.
Al regresar Don Pedro Villacampa de Murcia a Aragón escarmentó, durante el marzo, a los generales Palombini y Pannetier en Campillo, Ateca y Pozohondón. Uniose en seguida con el Empecinado y, obrando juntos, ambos jefes amenazaron a Guadalajara. Separáronse luego, y Villacampa tornó a su Aragón, al paso que Don Juan Martín acometió a los franceses en Cuenca, entrando en la ciudad el 9 de mayo, y encerrando a los enemigos en la casa de la Inquisición y en el hospital de Santiago. No siéndole posible al Empecinado forzar de pronto estos edificios, se retiró y pasó a Cifuentes; y hallándose el 21 en la vega de Masegoso, dudaba si aguardaría o no a los enemigos que se acercaban, cuando, sabedores los soldados de que venía el Manco, quisieron pelear a todo trance. Lograron los nuestros la ventaja, y el Manco huyó apresuradamente; que no cabe por lo común valor muy firme en los traidores.
Gayán.
También Don Ramón Gayán estuvo para apoderarse el 29 de abril del castillo de Calatayud, muy fortificado por los franceses. No lo consiguió; pero a lo menos tuvo la dicha de coger a su comandante, de nombre Favalelli, y a 60 soldados que se hallaban a la sazón en la ciudad.
Toma Durán
a Soria
y a Tudela.
Por su parte, llevó igualmente entonces a cabo Don José Durán dos empresas señaladas, que fueron la toma de Soria y el asalto de Tudela. Ejecutó la primera el 18 de marzo, auxiliado de un plano y de noticias que le dio el arquitecto Don Dionisio Badiola. Inútilmente quisieron los enemigos defender la ciudad: penetraron dentro los nuestros, rompiendo las puertas, y obligando a los franceses a recogerse al castillo con pérdida de gente y de algunos prisioneros. Alcanzaron la libertad muchos buenos españoles allí encarcelados. Guarnecían a Tudela de 800 a 1000 infantes enemigos, y la embistieron los nuestros el 28 de mayo. Habíanla los franceses fortalecido bastantemente; mas todo cedió al ímpetu de los soldados de Durán, que asaltaron la ciudad por el Carmen Descalzo y por la Misericordia, guiando las columnas Don Juan Antonio Tabuenca y Don Domingo Murcia. Los enemigos se metieron también esta vez en el castillo, dejando en nuestro poder 100 prisioneros y muchos pertrechos.