Con suerte varia empeñáronse por el mismo tiempo diversos combates en los demás distritos de aquel principado. De notar fue el que sostuvo en 27 de febrero cerca de la villa de Darníus el teniente coronel Don Juan Rimbau, al frente del primer batallón de San Fernando, en el que quedaron destruidos 500 infantes y 20 caballos enemigos. Lo mismo aconteció en otras refriegas trabadas en abril, no lejos de Aulot y Llavaneras, por Miláns y Rovira. Repetíanse a cada instante parecidos choques, si no todos de igual importancia, a las órdenes de Fábregas, Gay, Manso y otros jefes. Continuaba por nosotros la montaña de Abusa, lugar propio para instrucción de reclutas; también la plaza de Cardona y la Seu de Urgel, desde cuyo punto su gobernador Don Manuel Fernández Villamil, atalayando el territorio francés, no desaprovechaba ocasión de incomodar a sus habitantes y sacar contribuciones. Del lado de la mar manteníanse en nuestro poder las islas Medas, impenetrable asilo, gobernado ahora por Don Manuel Llauder, que molestaba a los enemigos hasta con corsarios que se destacaban de aquella guarida.

Divide Napoleón
la Cataluña en
departamentos.

Y como si no bastasen los hechos anteriores para sustentar tráfago tan belicoso, vino aún a avivarle un decreto dado por Napoleón, en 26 de enero, según el cual se dividía la Cataluña, como si ya perteneciese a Francia, en cuatro departamentos, a saber: 1.º, del Ter, capital Gerona; 2.º, de Monserrat, capital Barcelona; 3.º, de las Bocas del Ebro, capital Lérida; y 4.º, del Segre, capital Puigcerdá. Para llevar a efecto esta determinación, llegaron en abril a la ciudad de Barcelona varios empleados de Francia, y entre ellos Mr. de Chauvelin, encargado de la intendencia de los llamados departamentos de Monserrat y Bocas del Ebro; y Mr. Trelliard, nombrado prefecto del de Monserrat. Los instaló en sus puestos el 15 del mismo mes el general Decaen. Burlábanse de tales disposiciones aun los mismos franceses, diciendo en cartas interceptadas «aquí deberían enviarse, por diez años a lo menos, ejércitos y bayonetas, no prefectos.» Los moradores, por su parte, despechábanse más y más viendo en aquella resolución, no ya la mudanza de dinastía y de gobierno, sino hasta la pérdida de su antiguo nombre y naturaleza, sentimiento arraigado y muy profundo entre los españoles, y sobre todo entre los habitantes de aquella provincia.

Da el mando
de ella a Suchet.

Por entonces, aunque continuó al frente de Cataluña el general Decaen, dieron los franceses la supremacía del mando de toda ella, como ya la tenía de una parte de la misma provincia, y de Aragón y Valencia, al mariscal Suchet. Con este motivo, y el de prevenir desembarcos que se temían por aquellas costas, avistáronse él y Decaen en Reus el 10 de julio. Otras
ocurrencias. Nacían semejantes recelos de una expedición inglesa que se dirigía a España procedente de Sicilia, de la cual hablaremos después como conexa con la campaña general e importante que empezó en este verano. También inquietaban a dichos generales movimientos de Lacy hacia la costa, y anuncios de conspiraciones en Barcelona y Lérida. En la primera de las dos ciudades prendieron los franceses y castigaron a varios individuos; y en la última el gobernador Henriod, conocido ya como hombre cruel, halló ocasión de saciar su saña con motivo de haberse volado el 16 de julio un almacén de pólvora, de cuya explosión resultaron muchas víctimas y abrirse una brecha en el baluarte del Rey. Atribuyó el general francés este suceso no a casualidad, sino a secretos manejos de los españoles. Sospechas fundadas, si bien nada pudo Henriod descubrir ni poner en claro en el asunto.

Segundo distrito.

El fatal golpe de la caída de Valencia comprimió por algún tiempo el fervor patriótico de aquel reino, no habiendo ocurrido en él al principio acontecimiento notable. Sin embargo, el gobierno supremo de Cádiz envió por comandante general de la provincia a Don Francisco de Copons y Navia, quien, gozando de buen nombre por la reciente defensa de Tarifa, trató ya en abril de animar con proclamas a los valencianos desde el punto de Alicante. Segundo
y tercer ejército. Rehacíanse en Murcia el segundo y tercer ejército, todavía al mando de Don José O’Donnell; ascendiendo el número de gente en ambos a unos 18.000 hombres. Limitáronse sus operaciones a varias correrías, ya por la parte de Granada, ya por la de la Mancha, ya en fin por la de Valencia: todas entonces no muy importantes, pero que de nuevo inquietaban al enemigo. Partidas. Don Antonio Porta, comandante del reino de Jaén bajo la dependencia de este ejército, cogió en 5 de abril, entre Bailén y Guarromán, porción de un numeroso convoy que iba de Madrid a Sevilla. Se señalaba también por allí el partidario Don Bernardo Márquez, como igualmente hacia la Carolina Don Juan Baca, segundo de Don Francisco Abad [Chaleco], quien proseguía en la Mancha sus empresas. En esta provincia mandaba aún Don José Martínez de San Martín: y recorriendo a veces la tierra con feliz estrella, se abrigaba en las montañas o en Murcia, habiendo repelido el 16 de marzo, en la ciudad de Chinchilla, una columna francesa que vino en busca suya.

Divisiones
de Roche
y Whittingham.

Mirábase como refuerzo importante para el segundo y tercer ejército una división española que se formaba en Alicante, equipada a costa del gobierno británico, y regida por el general Roche, inglés al servicio de España; asimismo otra de la misma clase que adiestraba en Mallorca el general Whittingham, debiendo ambas obrar de acuerdo con el segundo y tercer ejército, y con la expedición anglo-siciliana mencionada arriba.

Guerrillas
en Valencia.