Habiendo entre tanto las lluvias y lo crudo de la estación hinchado los ríos y los arroyos y puesto intransitables los caminos, en particular los de travesía, aflojó lord Wellington en sus operaciones, Wellington en
San Juan de Luz:
su línea. y haciendo mansión en San Juan de Luz, forzoso le fue, para evitar sorpresas o repentinos ataques del ejército francés, más temible por cuanto estaba más reconcentrado, establecer una línea defensiva que, empezando en la costa a espaldas de Biarritz, se prolongaba por el camino real viniendo a parar al Nive, enfrente de Arcangues y cerca de una quinta de Mr. Garat, famoso ministro de la Justicia en tiempo de la Convención. Proseguía después dicha línea lo largo de la izquierda de aquel río por Arrauntz, Ustaritz, Larresore y Cambo, cuyo puente habían los contrarios inutilizado del todo.

Disciplina
y estado
del ejército
anglo-hispano-portugués.

Cada día se esforzaba más Wellington en mantener en sus tropas rígida disciplina, siempre receloso de que la continuación de la guerra en país enemigo no diese margen a que se traspasasen los límites de la obediencia y buen orden, mayormente teniendo el ejército aliado que padecer privaciones y acerbas penalidades: no bastando a impedirlas los inmensos recursos de que disponía la Gran Bretaña; inciertas las arribadas por mar con lo invernizo de la estación y lo bravo de aquellas orillas, y lentos y nada seguros los abastecimientos por tierra que venían, a costa de muchos dineros y desembolsos, hasta del corazón y provincias lejanas de España, en donde el ganado lanar y vacuno llegó a tomar un valor excesivo, arrebatándole los comisarios ingleses a cualquiera precio de los campos y mercados. Si temores tenía Wellington respecto de sus soldados, más le asaltaban en cuanto a los nuestros, escasos de todo, acampados al desabrigo o bajo miserables barracones, comiendo corta o escatimada ración, sin vestuario apenas algunos cuerpos, destruido el calzado de los más o roto, muchos los enfermos y desprovistos los hospitales aun de regular o pasadera asistencia. Consecuencia necesaria, ya de los males que abrumaban a todos y procedían del mismo origen, y ya de los que eran peculiares a los españoles, agotados sus haberes y caudales con la prolongada guerra, y no ayudados por la administración pública, nunca bien entendida en sus diversos ramos, y no mejorada ahora; dolencia añeja y como endémica del suelo peninsular, a los remedios muy rebelde y de curación enfadosa y tarda.

Cierto que los nuestros sobrellevaban sus padecimientos con admirable resignación, sin queja ni desmán notables. Mas previendo Wellington cuán imposible se hacía durasen las cosas largo espacio en el mismo ser, resolvió tornasen los españoles al país nativo por huir de futuros y temibles daños, y también por no necesitar entonces de su apoyo y auxilios, decidido a no llevar muy adelante la invasión comenzada, en tanto que no abonanzase el tiempo y que no penetrasen en Francia los aliados del norte. Vuelven a España
casi todo
el cuarto ejército
y el de reserva
de Andalucía. Así fue que Don Manuel Freire estableció su cuartel general en Irún, regresando a España las divisiones tercera, cuarta y sexta y la primera brigada de la quinta, todas del cuarto ejército, quedándose solo con los ingleses la de Don Pablo Morillo, que era la primera. La segunda, séptima y octava, y la segunda brigada de la quinta continuaron donde estaban; a saber, guarneciendo a Pamplona y San Sebastián, y en los bloqueos de Santoña y Jaca; si bien la segunda división no tardó en acercarse al Nivelle. Poca caballería había pasado antes a Francia, yéndose lo más de ella en busca de subsistencias a Castilla, a donde igualmente fue destinada la sexta división del cargo de Don Francisco Longa. Permanecieron las demás en las provincias fronterizas para acudir al primer llamamiento de Wellington y cubrir sus espaldas en caso de necesidad. Acantonose en el valle de Baztán el ejército de reserva de Andalucía, alejándose después hasta Puente la Reina y pueblos inmediatos.

Movimientos
y combates
en el Nive.

Aunque no tuviese lord Wellington el proyecto de extender ahora sus incursiones, quería sin embargo, antes de hacer su última y mayor parada, cruzar el Nive y enseñorearse de parte de sus orillas. Empresa no fácil, apoyado el mariscal Soult en el fortalecido y atrincherado campo de Bayona, cuyos aproches cubrían los fuegos de aquella plaza, situada en donde el Adour y Nive se juntan en una madre; por lo cual hizo solo resolución el general inglés de adelantar su derecha, conservando en la izquierda la misma línea, y limitando sus acometidas a apoderarse de los puntos que defendían los enemigos en el Nive superior, cuya posesión ofrecíale más desahogo para su gente y afianzaba sus estancias.

Para alcanzar su objeto, empezó Wellington a moverse el 8 de diciembre, disponiendo que el 9 atravesase el Nive por Cambo sir R. Hill, sostenido en la maniobra por el mariscal Beresford, a cuya sexta división, del mando del general Clinton, tocó pasar aquel río por Ustaritz. Ambas operaciones sucedieron bien, recogiéndose los enemigos a unos montes que corren paralelos al Adour, apoyada su derecha en Villefranque, de donde los arrojaron en breve los anglo-portugueses, obligándolos a retirarse más lejos. Ayudó al buen éxito Don Pablo Morillo, con la primera división española del cuarto ejército, quien pasó el mismo día el Nive por los vados de la Isleta y Cavarre, y se enseñoreó del cerro de Urcuray y otros inmediatos en los que quisieron los franceses hacerse firmes.

Por su lado favorecieron los movimientos de la derecha aliada sir Juan Hope y el general barón Alten, arrollando el primero a los enemigos en Biarritz y Anglet, y distrayéndolos el segundo y causándolos daños por Bassussarry, a punto de tener que refugiarse en su campo la vuelta de Marracq, palacio ahora arruinado y teatro años antes de los escándalos referidos en su lugar.

Al siguiente, día 10, yendo sir R. Hill a proseguir sus operaciones, suspendiolas en vista de que sus contrarios se habían también recogido y metídose por aquel lado en su atrincherado y bien fortalecido campo; y ocupó la estancia que de antemano le había señalado lord Wellington, descansando la derecha de dicho cuerpo de Hill hacia el Adour, su izquierda en Villefranque, y parándose el centro en la calzada inmediata a Saint Pierre. La división del general Morillo se apostó en Urcuray y una brigada de dragones ligeros británicos en Hasparren, destinadas ambas a observar y mantener en respeto al general Paris, quien al cruzar los aliados el Nive habíase corrido vía de Saint Palais.

Mas en la mañana del mismo día 10 había trocado ya de papel el francés, convirtiéndose de acometido en acometedor. Para ello moviéronse todas sus tropas, menos las que guarnecían las obras colocadas delante del general Hill, y tomaron la vuelta de las estancias de la izquierda del ejército aliado y de las de la división ligera, arrollando los puestos avanzados y aun empezando a batir los sitios fortalecidos. Pero el barón Alten y sir Juan Hope repelieron todas las arremetidas y aun cogieron 500 prisioneros. Hacía propósito el enemigo, al intentar esta maniobra, de poner a la derecha inglesa en la necesidad de regresar a la izquierda del Nive, y quedarse él solo en la otra más desembarazado para sus comunicaciones; lo cual no logró, en grave perjuicio suyo.