Ni aun aquí paró su desgracia, porque, concluida la refriega y ya anochecido, 3 batallones alemanes, uno de Francfort y 2 de Nassau Usingen, en número de 1300 hombres, guiados por el coronel Krusse, bávaro de nación y criado en Hanóver, pasaron a las banderas aliadas, si bien con la condición honrosa de ser trasladados a su país nativo, y de no hacer armas contra los que acababan de pelear a su lado y ser sus conmilitones. Fatal golpe y de nocivo ejemplo para los enemigos, causador de disturbios y desconfianza suma entre los soldados que eran franceses y los extranjeros a su servicio.
Renovaron los contrarios sus ataques en los dos días inmediatos al 10 contra la izquierda inglesa, mas sin fruto, mostrando gallardía notable sir Juan Hope, y los oficiales de su estado mayor, heridos todos o contusos.
Entonces proyectó el mariscal Soult revolver el 13 del lado de la derecha de los anglo-portugueses, y efectuolo dando contra ella un furibundo y desapoderado acometimiento. Habíalo previsto lord Wellington, y anticipose a reforzar su línea por aquella parte con la sexta división británica. Dirigieron los enemigos su principal ataque por el camino real que va de Bayona a San Juan de Pie de Puerto, teniendo que resistir al impetuoso choque la brigada inglesa del general Barnes y la portuguesa del mando de Ashworth, sostenidas por la división, también británica, que regía Lecor, la cual recobró un puesto importante, avanzando esforzadamente por el lado izquierdo y hacia donde lidiaba, en frente de Villefranque, el general Pringle. Otro tanto sucedió por el derecho, enseñoreándose de una altura y sustentándola con mucho brío las brigadas británica y portuguesa que gobernaban respectivamente los generales Byng y Buchan. Hubo otros reencuentros y choques igualmente gloriosos a los aliados, cuyas sólidas y macizas huestes no le fue dado romper, ni siquiera descantillar, al experto mariscal francés ni a sus arrojadas tropas.
En los cinco días que duraron los diversos choques tuvo de baja el ejército combinado 5029 hombres, casi la mitad portugueses, como que fueron quienes llevaron el principal peso de la refriega en la última jornada, la más mortífera y destructora. Perdieron los franceses sobre 6000 hombres entre muertos, heridos y prisioneros.
Estancias
de los respectivos
ejércitos.
Desesperanzado el mariscal Soult de lograr por entonces cosa alguna de entidad, levantó mano y cesó en sus empresas, a pesar de acaudillar todavía 50.000 infantes y 6000 caballos. Acantonose por tanto, manteniéndose sobre la defensiva, con su derecha en el campo atrincherado en rededor de Bayona, su centro a la diestra margen del Adour, extendiéndose hasta Port-de-Lanne, en donde colocó su principal depósito, y su izquierda lo largo de la derecha del Bidouze desde su junta con el otro río hasta Saint Palais: cubrió varios pasos de la orilla derecha de ambas corrientes, y no descuidó las fortificaciones de San Juan de Pie de Puerto y de Navarrenx, atrincherando también a Dax para almacén y abrigo de los auxilios y refuerzos que le llegaban de lo interior.
Conforme a lo que ya insinuamos, tampoco Wellington insistió en batallar, dejándolo para más adelante, y afianzando solo y con mayor ahínco sus atrincheramientos. Púsose, si cabe, más en vela respecto de la disciplina; pues internado en Francia, mal le hubiera venido que molestados y oprimidos los pueblos se hubiesen alterado y tomado parte en la guerra, lo que en verdad deseaba el mariscal Soult, procurando por eso que acudiese del ejército de Suchet al país vasco El general
Harispe. el general Harispe, baigorriano y muy dispuesto para organizar cuerpos francos, según tenía acreditado en las campañas de 1793 y 1794. No dejaron sus esfuerzos de incomodar a los aliados, atajándoles a veces los pasos por retaguardia, y conteniendo las tentativas de Don Francisco Espoz y Mina, que con parte de sus tropas asomaba por aquellos valles, con amagos de embestir la plaza de San Juan de Pie de Puerto, que aunque pequeña, estaba bastante fortalecida ahora.
Sucesos
en Cataluña.
De poca importancia represéntase lo ocurrido en Cataluña por este tiempo y hasta fines de 1813, parangonado con lo que hemos referido ya de la parte occidental de los Pirineos. Había Napoleón elegido para coronel general de su guardia al mariscal Suchet, y agregado al ejército de Aragón y Valencia el de Cataluña; lo cual en realidad no alteraba sustancialmente el estado de las cosas, debiendo por disposición anterior juntarse todas aquellas fuerzas bajo la misma mano, siempre que se operase de un modo activo. Simplificose, sin embargo, con la nueva medida la administración, y se excusaron disputas y competencias. Retirose a Francia Decaen, que todavía gobernaba en Cataluña, cediendo a Suchet el puesto. Formaba este ejército así reunido un total que pasaba de 32.000 soldados.
Pero disminuyose poco después su número en no menos que en 9000, llamado en breve a Italia el general Severoli con su división, compuesta de 2000 combatientes, desarmados de súbito en Barcelona, por decreto de Napoleón, 2400 alemanes, y retirados a Francia los gendarmes y gente escogida, sin que se enviase tropa alguna para llenar los huecos.