Sus cargas.
Proseguía Cataluña abrumada bajo el peso de sus cargas y no interrumpidas pérdidas y estragos, en particular Barcelona, que, asiento de la dominación francesa, sentía de más cerca y a la continua el daño, habiendo sido como entregada al saco. Tuvieron sin embargo los franceses que traer frecuentemente auxilios de Francia para poder subsistir, agotada la provincia, y ofreciendo obstáculos a las exacciones la irreconciliable enemistad y profundo odio que abrigaban los catalanes constantemente en sus pechos contra la usurpación extranjera; al paso que sobrellevaban con noble desprendimiento los sacrificios y desembolsos que pedía de su fidelidad e inalterable celo el gobierno legítimo. (* Ap. n. [23-3].) No menos de 285.727.453 reales vellón [*] compútase aprontó aquella provincia para el ejército nacional en los cinco años corridos desde 1809 hasta 1813, sin contar derramas y repartimientos que no ha sido dable se incluyan en la suma: exorbitante, por cierto, si se atiende a lo que por su lado arrancaron de los pueblos los invasores, y al deterioro y merma que causaba en los productos y haberes aquella guerra tan devastadora y de conquista, más sensibles y dolorosos en provincia de suyo tan industriosa y fabril como lo es la Cataluña.
En cuanto a los reencuentros y combates que hubo en ella por este tiempo, apenas los hay que sean dignos de mencionarse. No dejaron, sin embargo, las tropas del primer ejército, y los cuerpos francos y guerrillas a él agregados, de molestar al enemigo y conseguir algunos trofeos por los meses de septiembre, octubre, noviembre y fines de año en Montalla, Sant Privat, Santa Eulalia, San Feliú de Codinas y otros lugares, regidos nuestros soldados por los entonces coroneles Valencia, Llauder, Manso y demás jefes ya conocidos y de nombre. Mandaba como antes este ejército Don Francisco Copons y Navia, teniendo por lo común sus reales en Vic. Se mantenían los anglo-sicilianos en las mismas estancias; y solo en diciembre, queriendo el mariscal Suchet sorprenderlos en Villafranca, donde tenían sus cuarteles, retiráronse, advertidos a tiempo, yendo la división española del general Sarsfield, que los acompañaba, camino de la izquierda, y ellos más de dos leguas atrás la vuelta de Arbós, para mejorar de puesto y reconcentrar todas sus fuerzas. Tornó Suchet burlado en sus esperanzas a las orillas del Llobregat y a la capital del principado, en cuya ciudad residía de ordinario ahora.
Valencia.
Por esta parte oriental de España tampoco levantaba mano el segundo ejército, bajo la guía de Don Francisco Javier Elío, en los bloqueos de las plazas y castillos que se encomendaron a su cuidado, con la dicha de que se fuesen tomando algunos. Ríndese
a los españoles
Morella y Denia. Así sucedió con el de Morella, que se entregó el 22 de octubre al ayudante de estado mayor Don Francisco del Rey, quedando prisioneros 100 hombres que le guarnecían con su comandante Boissomacs. Vinieron también el 6 de diciembre a partido otros tantos que defendían a Denia, y mandaba el jefe de batallón Bin, quien pactó la rendición con Don Diego Entrena, que dirigía el asedio.
Sucesos
en Alemania y
norte de Europa.
Al mismo compás y de tan buena medida para España íbanse arreglando las cosas de Alemania y de todo el septentrión. Allí, comenzadas de nuevo las hostilidades y unida el Austria a la coalición europea, según dijimos, llovieron sobre la Francia infortunios y tremendas desdichas, siendo para sus ejércitos de mortal ruina e indecible fracaso la derrota que padecieron sus huestes en Leipzig durante los días 16, 17, 18 y 19 de octubre, de cuyas resultas casi solo Napoleón y sin aliados repasó el Rin con los remanentes de sus destrozadas tropas, y regresó a París el 8 de noviembre, desgajándose así, y una a una o muchas a la vez, las ramas del excelso y robusto árbol de su poco antes encumbrada dominación, cuyo tronco mismo iba luego a sentir los pesados golpes de dura, cortante y desapiadada hacha enemiga.
RESUMEN
DEL