Frutos opimos fueron, de todas estas operaciones, acordonar las plazas de Bayona, San Juan de Pie de Puerto y Navarrenx, atravesar el Adour, enseñorearse de sus principales comunicaciones y pasos, y coger o destrozar vituallas, enseres y otros abundantes recursos del enemigo.

Libertó a este de mayores daños el tiempo lluvioso en demasía; intransitables de resultas los caminos, rebalsadas las tierras, hinchados los torrentes y arroyos, y aplayados los ríos. Viose, por tanto, lord Wellington obligado a detenerse, y pudo Soult mudar de rumbo yendo hacia Tarbes e inclinándose a los Pirineos, con intento de recibir por la espalda auxilios del mariscal Suchet, si bien incomodando a los pueblos con exacciones, falto de víveres, perdidos en los almacenes de Aire, y dejando descubierto a Burdeos y sus comarcas, en la confianza de que Wellington no osaría internarse tanto.

Intento
de los partidarios
de la casa
de Borbón.

Equivocose en esto, pues yendo de caída Napoleón y su imperio, alzaron cabeza y se multiplicaron los partidarios de la casa de Borbón, más numerosos en aquella parte de Francia que en otras, y alentaron a Wellington a que les prestase ayuda, y saliese de su acostumbrada pausa y circunspección. Hablamos de la llegada al cuartel general inglés del duque de Angulema, y de la protección que le dispensó lord Wellington. El aparecimiento de un príncipe como este, de la antigua y real estirpe de Francia, cebó con esperanzas nuevas a los de su partido, convirtiéndose muchos, so color de leales, en trazadores de revueltas y levantamientos. Amortiguó Wellington por algún tiempo tales ímpetus, y aun dejó como a un lado al duque de Angulema después de haber contribuido a traerle; ora por temor de que no correspondiese el país a cualquiera demostración que se hiciese en favor de los Borbones, y ora más bien por las dudas y perplejidad de los aliados del norte, que, no resueltos todavía a concluir con Napoleón, hiciéronle sucesivamente varias proposiciones de acomodamiento, temerosos de no poder sobrepujarle del todo y vencerle.

Envía Wellington
vía de Burdeos
a Beresford.

Mas, rotos luego con él todos los tratos, según en breve veremos, y no detenido ya Wellington por empeños anteriores ni otros respetos, soltó la rienda a su inclinación, y consintió en dar apoyo a los que propendían a querer restablecer la dinastía borbónica. Por el tiempo mismo de la batalla de Orthez fue cuando acudieron emisarios de Tolosa y Burdeos en busca del de Angulema, mostrando vivo deseo de que se pusiera este príncipe al frente de los suyos, ciertos de que se conseguiría así y sin dificultad la restauración en el trono de la antigua y real familia de Francia. Abocáronse todos en Saint Sever con Wellington, quien, en vista de lo que le expusieron, accedió a sus encarecidas súplicas, y resolvió encaminar hacia Burdeos tres divisiones bajo el mando del mariscal Beresford, haciendo adelantar al propio tiempo fuerzas de Don Manuel Freire, que llenasen el vacío que dejaban las otras.

Se declara
esta ciudad
en favor
de los Borbones.

Luego que los ingleses se fueron acercando a Burdeos, retiráronse las autoridades imperiales y las tropas, quedando solo el arzobispo y el maire o corregidor, llamado Mr. Lynch. Determinaron entonces los realistas declararse del todo y alzar banderas por la casa de Borbón, estando ya los ingleses a las puertas de la ciudad. Salió a recibir a estos el maire, quien dijo a Beresford: «Si el señor mariscal quiere entrar en Burdeos como conquistador, podrá coger las llaves, no habiendo medio alguno de defensa; pero si viene a nombre del rey de Francia, y de su aliado el de Inglaterra, yo mismo en calidad de maire se las presentaré con gusto.» Respondiole Beresford satisfactoriamente, y al oírle, gritando Mr. Lynch «Viva el rey», púsose la escarapela blanca, antigua de Francia y se quitó la banda [écharpe] tricolor, distintivo de su autoridad. A poco, y siendo el 12 de marzo, Entran allí
el 1.º de marzo
Beresford
y el de Angulema. entraron en Burdeos el duque de Angulema y el mariscal Beresford, muy bien acogidos y vitoreados, amigo siempre el pueblo de novedades, y cansada aquella ciudad de la guerra marítima y bloqueo continental tan dañoso a su comercio y exportaciones agrícolas. Proclama
de Soult. Dio el mariscal Soult con esta ocasión tremenda proclama, condenando a la execración de los venideros y vergüenza pública a los franceses que hubiesen llamado y recibido al extranjero, y echando en cara al general inglés el favor y ayuda que daba a la rebeldía y sedición.

No tuvo Wellington, sin embargo, motivo de arrepentirse, conformándose luego los aliados con lo que él practicó entonces, y cobrando ellos mismos cada día mayor espíritu con los sucesos prósperos, desengañados de lograr nada bueno con Napoleón, indómito e intratable siempre.

Estado crítico
de Napoleón
y medidas
que toma.