Era esta obra de grande importancia por afianzar la comunicación entre ambas riberas durante el bloqueo y sitio intentado de Bayona, y franquear las calzadas de la derecha del Adour, de cuyos pueblos parecía más hacedero abastecerse de todo lo necesario, muy quietos por allí los naturales, libres de molestias y seguros de puntual y cumplido pago.

Avance
de Wellington.

Mientras que maniobraba así el ala izquierda del ejército aliado y que embestía también a Bayona, trató Wellington, reforzada que fue su derecha, de ejecutar un avance general por aquel lado contra las huestes del enemigo. En consecuencia, atacó el mariscal Beresford, seguido de la cuarta y séptima división y una brigada, los puntos fortificados de Hastingues y Oeyregave a la izquierda del río de Pau, y forzó a los enemigos a recogerse a Peyrehorade, en sazón que Hill cruzó el Gave de Oloron sin resistencia por un vado en Viellenave, y lo mismo Clinton entre Monfort y Laàs, amagando Picton el puente de Sauveterre, que volaron los franceses. Don Pablo Morillo rodeó por su parte la plaza de Navarrenx, la cual no era dable reducir de pronto sino con artillería gruesa.

Los aliados, yendo adelante, enderezáronse a Orthez, pasando Beresford el Gave de Pau por bajo de su confluencia con el de Oloron, y continuando lo largo del camino real de Peyrehorade en dirección de aquella ciudad, sobre el diestro costado del enemigo, haciendo otro tanto Picton río abajo del puente de Mourenx y también Sir Stapleton Cotton con la caballería, sostenidos ambos por un movimiento de flanco que hicieron otras dos divisiones. Ocupó Hill las alturas fronteras de Orthez a la izquierda del Gave de Pau, no pudiendo forzar su puente.

Batalla
de Orthez:
27 de febrero.

Cabeza de subprefectura aquella ciudad, y residencia antigua y célebre de los príncipes de Bearne antes de su traslación a Pau, iba a presenciar ahora reñida contienda trabada a sus puertas y en los alrededores. Había escogido en ellos ventajosa estancia el mariscal Soult, a lo largo de unas lomas por espacio de media legua. Su derecha, bajo del general Reille, descansaba sobre el camino real que va a Dax, ocupando el pueblo de Saint Boès; su centro, que regía Drouet, alojábase en una curva por donde se metían y giraban las colinas, y su izquierda al cargo de Clauzel se apoyaba en la ciudad y defendía el paso del río. Las divisiones de los generales Villatte y Harispe y tropas del general Paris manteníanse de respeto en paraje elevado y en el camino que se dirige a Mont de Marsan por Sault de Navailles. Componía esta fuerza un total de más de 40.000 hombres.

Dispuso lord Wellington, para empeñar la refriega, que Beresford, con las divisiones cuarta y séptima y la brigada de jinetes de Vivian, atacasen la derecha de los enemigos y se esforzasen por envolverla; debiendo a la propia sazón arremeter contra el centro e izquierda de aquellos el general Picton, asistido de la tercera y sexta división, y apoyado por Cotton con otra brigada de caballería. Incumbía al barón Alten quedar de reserva, y a Sir R. Hill forzar el paso del Gave, y trabar pelea con la izquierda de los franceses.

A las nueve de la mañana del 27 de febrero se enredó la acción, con mala estrella para los aliados en un principio por la parte de Beresford, con buena por el centro; si bien disputada la victoria largo rato, cejando aquí el enemigo, pero pausada y admirablemente, formado en cuadros. Semejante repliegue precisó, sin embargo, al mariscal Soult a recoger sus alas y a ordenar una retirada general, acarreándole luego este movimiento otros daños, sin que le bastase la maestría y pericia militar que mostró; porque cruzando el general Hill el Gave y adelantándose sobre la izquierda francesa en ademán de atacarla en su marcha retrógrada, tuvo aquel mariscal que avivar sus maniobras, aunque inútilmente, avivando también las suyas al mismo compás el general Hill; de manera que acabaron los franceses por desparramarse e ir en completa huida, teniendo detrás a los ingleses, que a carrera abierta pugnaban por alcanzarlos y hundirlos. Allí vinieron lástimas y más lástimas sobre los vencidos, quienes perdieron 12 cañones y 2000 prisioneros; pereciendo o extraviándose infinidad de fugitivos punzados por la bayoneta británica y acuchillados o cosidos por el sable de sus jinetes. Hubo, no obstante, de costar a los ingleses muy caro tan glorioso triunfo, habiendo corrido riesgo la vida de lord Wellington, contuso de una bala de fusil que dio en el pomo de su espada y le tocó en el fémur, causándole el golpe tal estremecimiento que le derribó al suelo, estando apeado y en el momento mismo en que se chanceaba con el general Álava, herido este poco antes, no de gravedad, pero en parte sensible y blanda que siempre provoca a risa. Hizo alto el ejército británico al anochecer en Sault de Navailles: su pérdida consistió en 2300 hombres, de ellos seiscientos portugueses; no asistió a la acción fuerza alguna española. Tuvieron los enemigos en sus filas una baja enorme que, según cuentan relaciones suyas, pasó de 12.000 hombres; pero producida en mucha parte por la deserción, siendo grande el número de conscriptos y gente nueva. Fue gravemente herido el general Foy, y muerto el general Bechaud.

Movimientos
posteriores.

Prosiguieron los franceses por la noche su retirada, y paráronse detrás del Adour, junto a Saint Sever, para allegar y recomponer su hueste, juntándoseles algunos refuerzos que venían de camino. En pos suyo fueron los aliados al día inmediato; pero esquivaron aquellos el reencuentro yendo la vuelta de Agen. Entonces repartiéronse los anglo-portugueses, entrando su ala izquierda sin resistencia en Mont de Marsan, capital del departamento de las Landas, colocándose el centro en Cazères, y moviéndose el 2 de marzo la derecha a las órdenes de Hill del lado de Aire, margen izquierda del Adour, en donde tuvo este general un recio choque con la división de Harispe, no empeñada en Orthez, y llevó al fin la palma de la victoria, cogiendo o destruyendo muchos almacenes y efectos acopiados allí.