Habían los ingleses reunido en Socoa barcos costaneros, y hecho otras prevenciones para formar el puente que había de echarse en el Adour, quedando al cuidado del almirante Penrose lo respectivo a las operaciones navales. Era el día 21 de febrero el señalado para la ejecución, pero soplando el viento del N. N. E., y siendo grande y de leva la marejada, tuvo el convoy que permanecer en Socoa sin serle dado salir a la mar.

Pero Sir Juan Hope, que continuaba mandando el ala izquierda de los aliados, apremiado por el tiempo, no consintió en más largas, y quiso por sí y sin aguardar a Penrose y sus buques, tentar el paso y arriesgarse a todo. Empezó su movimiento en la noche del 22 al 23, acompañando a sus tropas la artillería correspondiente y un destacamento de coheteros a la Congreve. Al principio tiraron los ingleses hacia Anglet, mas a corta distancia de este pueblo variaron, tomando un camino de travesía estrecho, cenagoso y con fosos a los lados; lo cual y la noche lóbrega retardaron su marcha, si bien llegaron antes del alba a los méganos que coronan la playa desde Biarritz hasta la boca del Adour. Cubre un bosque el trecho que mediaba entre ellos y el campo atrincherado de Bayona, de donde fueron arrojados los piquetes enemigos, amagando por las alturas de Anglet Don Carlos de España, cuya segunda división de nuestro cuarto ejército ya dijimos había penetrado antes en Francia, acercándose al Nivelle.

Para distraer al enemigo y ocupar sus fuerzas navales, desembocó la primera brigada inglesa bajo el coronel Maitland del bosque referido, y por el paraje que llaman La Balise orientale. A su vista, tremendo fuego vomitaron las baterías enemigas y la Safo y las cañoneras; pero disparados algunos cohetes de los a la Congreve, que a manera de serpientes ígneas deslizábanse por el agua y traspasaban los costados de los buques, aterráronse los marineros franceses, y de priesa trataron de abandonar el puesto y subir corriente arriba. Resistió la Safo en su ancladero hasta que, muerto su capitán y perdida bastante gente, refugiose bajo la protección de la ciudadela.

Tales demostraciones contra los buques y el campo atrincherado causaron diversión al enemigo, y le alejaron de pensar en la boca del Adour, encubierta además por un torno o rodeo que toma allí el curso del río, y descuidada su defensa por considerar los franceses aquel punto muy fuerte y de ardua acometida, sobre todo estando el mar bravo e intransitable la barra, en todos tiempos peligrosa, y de crecida y mudable ceja.

A esta ocupación y confianza del enemigo debiose en gran parte que pudiera la primera división británica ir desahogadamente en busca de un paso que no estuviese lejos del desaguadero del río. La acompañaban dieciocho pontones y seis pequeñas lanchas porteadas en carros, cuarenta coheteros y algunos soldados de artillería para clavar las piezas que tuviera el francés en la margen derecha. Habíase hecho resolución, para verificar la travesía, de construir seis balsas puestas sobre tres pontones cada una, y conducir en dos veces al otro lado, y antes de la aurora, 1200 hombres, sostenidos por igual número y por doce piezas planteadas en la ribera izquierda.

Imposible de practicarse cosa alguna en la noche por más esfuerzos que se hicieron, no empezó la faena del paso hasta el 23 en la tarde, habiéndose escogido para ello un paraje que tenía 200 varas de ancho en baja mar y a distancia unas 100 de la boca del río. Echáronse de pronto al agua los seis botes, y se pasó una maroma de una orilla a otra para sujetar tres balsas listas ya, y de las que cada una trasportó a la vez sobre 60 hombres, consiguiendo desembarcar luego en la orilla opuesta hasta quinientos, entre ellos algunos coheteros. Pero subiendo la marea con fuerza, hubo de suspenderse la maniobra, teniendo los que habían pasado que abrigarse detrás de unas colinas de arena, o sea méganos, a las órdenes del coronel Stopford. Dos regimientos franceses salieron muy animosos de la ciudadela para atacarlos, pero una descarga de cohetes reprimió sus ímpetus, y los forzó a retirarse no acostumbrados a la novedad y estrago de proyectiles tan singulares. A favor de buena y despejada luna, cruzaron aquella noche el río más tropas inglesas, y afianzaron el puesto de los que habían tomado la delantera.

En esto arribó al embocadero del Adour la flotilla procedente de Socoa; pero furiosa y encrespada la barra, no era fácil salvarla, y los que lo intentaron tuvieron que desistir, después de padecer trabajos y muchas averías. Más alta después la marea, renováronse las tentativas para entrar y perecieron algunos buques; pero metidos en el empeño los marineros británicos, y no tan impedidos por el viento, que fue amansando, venciéronlo todo con su arrojo y experiencia, y regolfaron por el río arriba 30 buques en la tarde del 24. Quedó lo demás del convoy sotaventeado.

Seis mil ingleses estaban ya por la noche a la derecha del río, no habiendo cesado en su paso, y verificándolo aun a nado algunos caballos, luego que abonanzó el tiempo y lo consintió la marea. Acamparon al raso, y por la mañana marcharon sobre la ciudadela, la derecha tocando al Adour, y dilatada la izquierda por el camino real que conduce de Bayona a Burdeos; Se acerca del todo
a Bayona. con lo que, cortando las comunicaciones con el norte del río, completaron el acordonamiento de la plaza y el de todas sus obras, incluso el campo atrincherado. Ayudó a este movimiento un falso ataque, por la siniestra margen, de la brigada de lord Aylmer y de la quinta división británica en unión con los españoles del ejército de Don Manuel Freire.

Echa un puente
sobre el Adour.

Ni se dejaba de la mano el trabajo del puente que se finalizó el día 25, estableciéndole en donde tiene de anchura el río 370 varas, y yendo a dar el cabo opuesto cerca del pueblo de Boucau. Formose dicho puente con 26 cachamarines o barcos pequeños de la costa cantábrica, asegurados a proa y a popa con anclas o cañones de hierro cogidos en los reductos del Nive, con cables fijos en ambas orillas para resistir a los embates del flujo y reflujo, y extendidos por cima de las cubiertas tablones a manera de explanadas que facilitasen la rodadura y paso de la artillería. Una cadena colocada más arriba del puente le protegía contra las arremetidas y abordaje de las lanchas cañoneras y buques enemigos fondeados al abrigo de la ciudadela.