También avanzaban los trabajos contra Santoña, único paraje que permanecía por aquellas partes y costas del océano en manos del enemigo; habiéndose reforzado las tropas del bloqueo con una brigada que trajo Don Diego del Barco, encargado de dirigir y acelerar el sitio.

Tómanse
algunas de estas.

Acometiose de resultas, y se ganó, el fuerte del Puntal el 12 y 13 de febrero. Se entró el de Laredo el 21 y se ocupó luego del todo, enseñoreándose asimismo de las obras del Gromo y el Brusco principal, aunque con la desgracia de que pereciese el 26, de heridas recibidas días antes, Muerte de Barco. Don Diego del Barco, universalmente sentido como oficial dotado de buenas prendas y de alto esfuerzo. Le sucedió Don Juan José San Llorente.

Movimientos
de Wellington.

Corrió enero sin que los ejércitos de operaciones a las orillas del Adour y el Nive hiciesen apenas movimiento ni ademán alguno. Pero al empezar febrero, ablandando el tiempo y desnevada la tierra por las cañadas y montes bajos, dispúsose Lord Wellington a cruzar el Adour, no menos que a embestir a Bayona, y llevar la guerra, si necesario fuese, hasta el riñón de la Francia misma. Tuvieron principio las maniobras en 14 del mencionado febrero por el ala derecha del ejército aliado, acometiendo el general Hill los piquetes del enemigo apostados en el río Joyeuse, y obligando al general Harispe a replegarse de Hélette, vía de San Martín; y de allí a Garris, en cuyo frente asegurose el francés en un puesto ventajoso, engrosado con tropas de su centro y la división de Paris que, en marcha hacia lo interior, retrocedió con este motivo y agregose al general Harispe. Cortó entonces Hill la comunicación del ejército enemigo con San Juan de Pie de Puerto, bloqueando esta plaza tropas de Mina situadas en el valle de Baztán, y que avanzaron vía de Baigorry y de Bidarray.

En la mañana del 15 moviose, con la primera división española del cuarto ejército, Don Pablo Morillo en dirección de Saint-Palais, paralelamente a la posición de Harispe, a fin de envolver la izquierda de los enemigos, al paso que la segunda división británica del cargo de Sir Guillermo Stewart los atacaba por el frente. Comenzó tarde la acometida, que se prolongó hasta muy cerrada la noche, experimentando el francés bastante pérdida, y teniendo al fin que ciar, mas con la fortuna para él de llegar a Saint-Palais antes que Morillo, cruzando el Bidouze y destruyendo sus puentes. Reparolos luego Hill y atravesó aquel río, favoreciendo sus evoluciones la derecha del centro aliado. Cejaron entonces más los contrarios y pasaron el Gave de Mauléon, nombre que se da en los Pirineos a los torrentes que se descuelgan de sus cimas, pudiéndose considerar como más principales, el ya dicho de Mauléon y los de Oloron y Pau, tributarios los dos primeros del último, que descarga en el Adour sus aguas.

Fueron los franceses abandonando por esta parte un puesto tras otro, sin detenerse largo espacio, ni a defender los ríos que los protegían, ni otras favorables estancias, decidiéndose de consiguiente el mariscal Soult a inutilizar todos los puentes, excepto los de Bayona, a dejar esta plaza entregada a sus propios recursos, y a reconcentrar en fin las fuerzas de su ejército detrás del Gave de Pau, fijando en Orthez sus cuarteles.

Paso del Adour.

Prosiguió observando a Bayona el ala izquierda británica, y fuéronse acumulando allí preparativos para cruzar el Adour por bajo de aquella ciudad; faena penosa y de difícil ejecución. Reforzaron tropas de esta ala las de la derecha bastante empeñada y en continua pelea y riza con el enemigo. Llenó los huecos Don Manuel Freire, quien volvió a entrar en Francia el 23 de febrero llevando consigo la cuarta división de su ejército, mandada por Don José Ezpeleta, y la primera y segunda brigada de la quinta y tercera, que gobernaban respectivamente Don Francisco Plasencia y Don Pedro Méndez de Vigo.

Cuanto más se acercaba el tiempo de cruzar el Adour, tanto más se descubrían los obstáculos e impedimentos para atravesarle por donde se intentaba, a causa de lo anchuroso del río y de la estación inverniza y contraria que estorbó, en un principio, favorecer por mar la empresa proyectada. También era no pequeño embarazo la defensa que preparaba el enemigo, teniendo en el río botes armados y cañoneras junto con la corbeta Safo, anclada donde amparase con sus fuegos la inundación que protegía la derecha del campo atrincherado de Bayona.