Tan dichosamente se apoderaron los nuestros de las plazas de Lérida, Mequinenza y Monzón. Tenían todas ellas víveres para muchos meses, y con su reconquista salváronse de la miseria gran número de habitantes, desembarazáronse 6000 hombres ocupados en sus respectivos bloqueos; quedaron libres las comunicaciones del Ebro y sus tributarios, y encumbráronse a mayor remonte los bríos, tan probados ya, de las comarcas vecinas.

Se cogen
prisioneras
las guarniciones.

Coger prisioneras en su marcha las guarniciones cuyo número en su totalidad ascendía a 2300 hombres, acabalaba el triunfo: no se descuidó Eroles en poner los medios para conseguirlo enviando fuerzas que precediesen a los enemigos, y en pos suyo a Don José Carlos con dos batallones y 200 jinetes. Quería el general español rodear a los contrarios y sorprenderlos en los desfiladeros de Igualada; pero prevenidos ellos y recelosos esquivaron el peligro redoblando la marcha. No desistió por eso Eroles de su pensamiento, y obrando de acuerdo con los jefes de las tropas aliadas que asediaban ya a Barcelona, obtuvo viniesen estas al encuentro de los franceses en su ruta para que, unidas con las que rastreaban su huella, los cercasen y estrechasen del todo al llegar a Martorell.

Así sucedió, y allí, quitándosele a los franceses la venda que aún cubría sus ojos, prorrumpieron en expresiones de ira y desesperación. Inútiles ya los duelos y las reconvenciones, tuvo su valor que ceder al adverso hado, y entregarse prisioneros a los españoles, en vez de juntarse a los suyos según confiaban. Pero cuentan se les prometiera entonces la libertad de volver a Francia aunque sin armas ni equipajes militares, lo cual no se cumplió bajo simulados motivos y malamente, porque lícito antes el emplear las estratagemas referidas y lícito el ceñir las guarniciones y someterlas en su marcha como secuela del primer ardid, no lo era después faltar a una estipulación, ajustada libremente a ley de guerra por las opuestas partes, ni autorizaban tampoco a proceder semejante otros engaños de los mismos franceses, ni su omisión en cumplir parecidos empeños o pactos.

Muy irritados los enemigos con la conducta de Don Juan Van Halen, afeáronla a lo sumo, y la graduaron de deserción y de abuso de confianza, nacido, según afirmaban, no de sentimientos honrosos, sino de mudanzas de la fortuna, que torva ahora volvía al francés la espalda y le desamparaba. Juzgáronla de otro modo los españoles por redundar de ella a la patria señalado servicio, digno de recompensa notable; (* Ap. n. [24-17].) bien que de aquellos cuya imitación y ejemplo, al decir de Horacio,[*] puede traer daños en futuros tiempos.

Apuros, gestiones
y movimientos
de Suchet.

Hirió en lo vivo a Suchet el golpe de la pérdida de las tres plazas, no restándole ya en España día de gloria ni sosiego; pues a poco llegole también de Francia orden del ministro de la guerra para negociar con Don Francisco Copons la entrega de las demás plazas de su distrito, excepto la de Figueras, a cuyo fin avistáronse el jefe de estado mayor francés y el del español, brigadier Cabanes, no terminando en nada la conferencia por subir de punto los nuestros en sus demandas, y no ceder mucho los franceses en las suyas a pesar de sus contratiempos. Crecían sin embargo los apuros del mariscal Suchet, obligado por disposición del emperador a enviar de nuevo, en los primeros días de marzo, otros 10.000 hombres la vuelta de León de Francia, por donde iban penetrando los aliados del norte. Afligido el mariscal francés de tener así que perder el fruto de sus campañas, y desesperanzado de sacar las guarniciones lejanas que le quedaban en Cataluña y Valencia, viose en la necesidad de juntar lo que ya pudiera llamarse reliquias de su ejército, y colocarlas bajo el cañón de Figueras después de haber volado los puestos fortalecidos de Besalú, Olot, Báscara, Palamós y otros, como también desmantelado a Gerona; de suerte que, no siéndole dado a dicho mariscal continuar aquí la guerra, limitose para no perderlo todo vergonzosamente a ocuparse en negociaciones de que hablaremos adelante.

Ríndese el castillo
de Jaca.

Por lo demás, en todos los puntos cundía la desgracia para los franceses. El castillo de Jaca, que cercaban, según se apuntó, tropas de Mina, vino a partido el 17 de febrero, quedando su comandante, Mr. de Sortis, y la guarnición obligados a no tomar parte en la guerra hasta que hubiese un perfecto y verdadero canje, clase por clase, e individuo por individuo, lo cual no cumplieron los capitulados, empuñando luego las armas en perjuicio y quiebra de su honra.

Ataques
contra Santoña
y sus obras
exteriores.