Continuaron los arrestos en los días sucesivos, y extendiéronse a las provincias de donde fueron traídos a Madrid varios sujetos y diputados esclarecidos, entre ellos Don Juan Nicasio Gallego, acabando por henchirse de hombres inocentes y dignísimos todas las cárceles, en las que de día y noche, sigilosamente y sin guardar formalidad alguna, vaciaban encarnizados enemigos la flor y gloria de España. No pudieron ser habidos a dicha suya los señores Calleja, Díaz del Moral, Don Tomás de Istúriz, Tacón, Rodrigo y conde de Toreno que pasaron a otras naciones.

Disolución
de las Cortes
por orden del rey.

En la misma noche del 10 al 11 de mayo presentose el general Eguía a Don Antonio Joaquín Pérez, diputado americano por la Puebla de los Ángeles y actual presidente de las Cortes, intimándole de orden del rey quedar estas disueltas y acabadas del todo. No opuso Pérez a ello óbice ni reparo alguno, y antes bien créese que obedeció de buena voluntad, estando en el número de los que firmaron la representación de los 69, y en el secreto, según se presumió, de todo lo que ocurría entonces. Una mitra, con que le galardonaron después, dio fuerza a la sospecha concebida de haber procedido de connivencia con los destruidores de las Cortes, y por tanto indigna y culpablemente.

Asonadas
en Madrid.

Soltáronse en la mañana del 11 los diques a la licencia de la plebe más baja, arrancando esta brutalmente la lápida de la Constitución que arrastró por las calles, lo mismo que varias estatuas simbólicas y ornatos del salón de Cortes. Lanzaban también los amotinados gritos de venganza y muerte contra los liberales y en especial contra los que estaban presos; llevando por objeto los promovedores encrespar las olas populares a punto de que se derramasen dentro de las cárceles, y sofocasen allí en medio de la confusión y ruido a los encerrados en aquellas paredes. Pero malogróseles su feroz intento, que muy somera y no de fondo era la tempestad levantada, como impelida solo por la iniquidad de unos pocos y muy contados.

Manifiesto
o decreto
del 4 de mayo.

Amaneció igualmente en aquel día puesto en las esquinas un manifiesto con título de decreto, firmado de la real mano y refrendado por Don Pedro de Macanaz, que aunque fecho en Valencia, a 4 de mayo, habíase tenido hasta entonces muy reservado y oculto.[*] (* Ap. n. [24-23].) En su contexto, si bien declaraba S. M. que no juraría la Constitución, y que desaprobaba altamente los actos de las Cortes y la forma que se había dado a estas, afirmaba no menos que aborrecía y detestaba el despotismo, ofreciendo además reunir Cortes y asegurar de un modo duradero y estable la libertad individual y real, y hasta la de la imprenta en los límites que la sana razón prescribía. Mas hacer promesas tan solemnes y de semejante naturaleza a la faz de la nación y del mundo, al propio tiempo que se decretaba subrepticiamente la disolución de las Cortes y que se atropellaban sin miramiento alguno las personas de tantos diputados y hombres ilustres, no parecía sino que era añadir a proceder tan injusto y desapoderado befa descarada y dura.

Autores
y cooperarios
de él.

Asegúrase escribió este manifiesto o decreto Don Juan Pérez Villamil, auxiliado de Don Pedro Gómez Labrador, aunque al cabo riñeron los dos entre sí y descompadraron. Llevó la pluma haciendo de secretario Don Antonio Moreno, ayuda de peluquero que había sido de palacio, y en seguida consejero de hacienda.

Reflexiones.