Downie.
Avanzaron los aliados y se metieron en Triana, empeñándose reciamente el combate en la cabeza del puente. Quien más se arriscó fue Downie con su legión: dos veces le rechazaron, y dos le hirieron; a la tercera, arremetiendo casi solo, saltó a caballo por uno de los huecos que los franceses habían practicado en una parte del puente, quitando las tablas traviesas, y fue derribado, herido nuevamente en la mejilla y en un ojo, y hecho prisionero. Conservó sin embargo bastante presencia de ánimo para arrojar a su gente la espada de Pizarro, logrando así que no sirviese de glorioso trofeo a los enemigos.
Entra Cruz
en Sevilla.
Estos, aunque ufanos de haber cogido a Downie, viéndose batidos por nuestra artillería colocada en el malecón de Triana, y atacados por nuestras tropas ligeras que cruzaron el puente por las vigas, ni pudieron acabar de cortar este, ni les quedó más arbitrio que meterse en la ciudad cerrando la puerta del Arenal. Pero habilitado sin tardanza el puente con tablones que pusieron los vecinos, fueles permitido a todas las tropas aliadas ir pasando el río con celeridad, infundiendo así aliento a las guerrillas que iban delante y a los moradores. Pronto se vieron felices resultas, pues abierta la puerta del Arenal sin que los enemigos lo notasen, echadas a vuelo las campanas, colgadas muchas casas, y siendo universal el júbilo y la algazara, metiéronse los nuestros por las calles, y subió a tanto grado el aturdimiento de los franceses y su espanto, que a pesar de los esfuerzos de sus generales, empezaron los soldados a huir hasta el punto de arrojar algunos las armas, teniendo todos al fin que salir por la puerta Nueva y la de Carmona con dirección a Alcalá, abandonando 2 piezas, muchos equipajes, rico botín, caballos, y perdiendo 200 prisioneros. En desquite, lleváronse consigo a Downie gran trecho, y solo le dejaron libre, aunque mal parado, a unas cuantas leguas de Sevilla.
Sigue Soult
su retirada
hacia Murcia.
No persiguieron los nuestros a los franceses en la retirada, observándolos tan solo de lejos la caballería. Cruz Mourgeon se detuvo en la ciudad, en donde se publicó la Constitución el 29 de agosto, dos días después de la entrada de los aliados. Se celebró el acto en la plaza de San Francisco, acompañado de las mismas fiestas y alegría que en las demás partes.
Ballesteros.
Continuó el mariscal Soult su marcha, obligado a estar siempre en vela por la aversión que le tenían los pueblos, y por atender a los movimientos de Don Francisco Ballesteros, que desembocando de la serranía de Ronda, le amagaba continuamente, engrosado algún tanto con 3 regimientos que de la Isla de León destacó la Regencia bajo el mando de Don Joaquín Virués.
En el tiempo que promedió desde la funesta acción de Bornos hasta la evacuación de Sevilla, no dejó Ballesteros de molestar al enemigo, ya amenazando a Málaga, aunque irreflexivamente, Reencuentros
de este. ya entrando en Osuna con la dicha de sorprender a su gobernador y de coger un convoy, ya en fin distrayendo la atención de los franceses de varios modos. Mas ahora, no siéndole tampoco dado atacar a Soult de frente a causa de la superioridad de las fuerzas de este, se limitó, para incomodarle, a ejecutar maniobras de flanco, amparado de las breñas y pintorescas rocas de la sierra de Torcal. Acometió el 3 de septiembre en Antequera a la retaguardia francesa, mandada por el general Semellé, y la acosó tomándole algunos prisioneros, bagajes y 3 cañones. Lo mismo repitió al amanecer del 5 en Loja, apretando de cerca los españoles a sus contrarios hasta Santa Fe.
Drouet abandona
la Extremadura.