Levantan
los franceses
el sitio de Cádiz.
Dieron los franceses muestras claras de tales intentos cuando, sin aguardar a que los acometiesen, comenzaron a levantar el sitio de la Isla gaditana el 24 de agosto de este año de 1812, quedando enteramente libre y despejada la línea en el día 25, después de haberla ocupado los enemigos por espacio de más de dos años y medio. Las noches anteriores, y en particular la víspera, arrojaron los franceses bastantes bombas a la plaza; y aumentando sobremanera la carga de los cañones, y poniendo a veces en contacto unas bocas con otras, reventaron y se destrozaron muchas piezas de las 600 que se contaban entre Chiclana y Rota.
Repique general de campanas, cohetes, luminarias, todo linaje, en fin, de festejos análogos a tan venturoso suceso, anunciaron el contentamiento y universal alborozo de la población. Las Cortes interrumpieron sus tareas, suspendiendo la sesión de aquel día, y los vecinos y forasteros residentes en Cádiz salieron de tropel fuera del recinto para examinar por sí propios los trabajos del enemigo, y gozar libremente de la apacible vista y saludable temple del campo de que habían estado privados por tanto tiempo. Distracción del ánimo, inocente y pura, que consolaba de males pasados y disponía a sobrellevar los que encerrase la inconstante fortuna en su porvenir oscuro.
En los mismos días que los enemigos levantaron el sitio de Cádiz, abandonaron también los puntos que guardaban en las márgenes del Guadalete y serranía de Ronda, clavando por todas partes la artillería, y destruyendo cuanto pudieron de pertrechos y municiones de guerra. Cogieron sin embargo los españoles una parte de ellos, como también 30 barcas cañoneras que quedaron intactas delante de la línea de Cádiz.
Marcha de
Cruz Mourgeon
sobre Sevilla.
Llano era que a semejantes movimientos se seguiría la evacuación de Sevilla. Impelió igualmente a que se verificase, la marcha que sobre aquella ciudad emprendió el general Cruz Mourgeon, conforme a la resolución tomada de molestar al mariscal Soult. Le sostenía y ayudaba en esta operación el coronel Skerret con fuerza británica. Los franceses se habían retirado del condado de Niebla a mediados de agosto, después de haber volado el castillo de la villa del mismo nombre, dejando solo de observación en Sanlúcar la Mayor unos 500 a 600 hombres, infantes y jinetes. Los dos jefes aliados trataron de aproximarse a Sevilla, y creyendo ser paso previo atacar a los últimos, lo verificaron arrojándolos de allí con pérdida. En seguida reconcentraron los nuestros sus fuerzas en aquel pueblo, y les sirvió de estímulo para avanzar el saber que Soult desamparaba a Sevilla con casi toda su gente.
Evacúa Soult
a Sevilla.
Habíalo en efecto verificado a las doce de la noche del 27, dejando solo en la ciudad parte de su retaguardia, que no debía salir hasta las 48 horas después. Lejos estaban de recelar los enemigos un pronto avance de nuestras tropas, y por tanto continuaron ocupando sosegadamente las alturas que se dilatan desde Tomares hasta Santa Brígida, en donde tenían un reducto. El general Cruz Mourgeon, destacando algunas guerrillas que cubriesen sus flancos, se adelantó a Castilleja de la Cuesta, en cuyos inmediatos olivares se alojaban los enemigos, teniendo unos 40 hombres en Santa Brígida, sin artillería por haberla sacado en los días anteriores. Acometieron los nuestros con brío a sus contrarios y los desalojaron de los olivares, obligándolos a precipitarse al llano. Protegía a los franceses su caballería; pero estrechada esta por los jinetes españoles, abandonó a los infantes que se vieron perseguidos por nuestra vanguardia al mando del escocés D. Juan Downie, quien había levantado una legión que se apellidaba de leales extremeños, vestida a la antigua usanza; servicio que dio ocasión a que la marquesa de la Conquista, descendiente de Francisco Pizarro, ciñese al Don Juan la espada de aquel ilustre guerrero, que se conservaba aún en la familia.
Arremete
Cruz Mourgeon
en Triana contra
la retaguardia
francesa.
Al propio tiempo se atacó el reducto, pero malogradamente, hasta que vieron los que le guarnecían ser imposible su salida, e inútil resistencia más prolongada. El general Cruz queriendo también aprovecharse de la ventaja ya conseguida en los olivares de Castilleja, destacó algunos cuerpos para que, yendo por la derecha, camino de San Juan de Alfarache, se interpusiesen entre los enemigos y el puente de Triana, a fin de evitar la rotura o quema de este; cosa hacedera siendo de barcas. Mas no parándose la vanguardia española ni el coronel Skerret en perseguimiento de los franceses, impidieron que se realizase aquella maniobra, pues cerraron de cerca por el camino real no solo a las fuerzas rechazadas de Castilleja, sino también a todas las que el enemigo allí reunía, las cuales fueron replegándose en 3 columnas con 2 piezas de artillería y 200 caballos, y se apostaron teniendo a su derecha el río y a sus espaldas el arrabal de Triana. Motivo por el que resolvió Cruz Mourgeon, consultando al tiempo, que Don José Canterac, en vez de sostener con la caballería, como había pensado, los cuerpos de la derecha, ayudase el ataque que daban Downie y Skerret, verificándolo con tal dicha que su llegada decidió la completa retirada del enemigo de la llanura que todavía ocupaba.