DEL

LEVANTAMIENTO, GUERRA Y REVOLUCIÓN

de España.

LIBRO VIGÉSIMO PRIMO.


Las Cortes.

Tiempo es ya que volvamos a las Cortes. En el que va corrido desde la primavera de 1812, tratáronse en ellas muchas y varias cuestiones. La de reducir a propiedad particular los terrenos de baldíos o realengos, y los de propios y arbitrios de los pueblos, se empezó a ventilar en abril y se prolongó hasta meses después, interrumpida con otros debates. Enajenación de
baldíos y propios. Al examinarla llevaron las Cortes el propósito de fomentar la riqueza agrícola, aumentando el número de propietarios, atender al pago de una parte de la deuda pública, y premiar debidamente a los defensores de la patria.

Hubo sobre la utilidad de esta medida pareceres diversos. Quién la ensalzaba esperando de su favorable resolución cuantiosos bienes; quién la deprimía no viendo en ella sino engaño con apariencias falaces. Porque creían muchos, y no infundadamente, que el atraso de la agricultura en España y la despoblación de sus campos no tanto pendía de los baldíos y los propios, como de otras diferentes y complicadas causas.

Contaban entre estas y de más alto origen las conquistas, señaladamente la sarracénica, cuyas incursiones y destrozos, durando siglos, obligaron a preferir como más segura y movible la granjería meramente pecuaria a la rural o de labor. También las acumuladas y abusivas amortizaciones civil y eclesiástica y otros errores políticos, económicos y administrativos que, si bien comunes a otras naciones, sembráronse en la nuestra como a granel, y se reprodujeron y perpetuaron al amor de la desidia y de arraigadas costumbres. La naturaleza misma ha puesto estorbos en el suelo peninsular a la extensión del cultivo; pues en medio de comarcas y valles fertilísimos y amenos, abundan, según había notado ya nuestro geopónico Herrera, los montes y las sierras peladas, los declives de capa vegetal muy somera, y las desnudas y pedregosas llanuras que, al paso que desadornan y afean la tierra, conviértenla a veces en árida y de poco provecho. Aumentan el daño la escasez de caudal de aguas en muchas provincias, y las frecuentes sequías que agostan los campos prematuramente. Además, hanse confundido en repetidas ocasiones terrenos incultos pertenecientes a particulares con los baldíos, exagerando la importancia de estos, cuando aquellos quedaban eriales por la incuria de sus dueños o por la dificultad de romperlos y desbrozarlos.