Al llegar aquí de su narración Gustavo, me hirió de súbito un recuerdo.
—Espere usted, espere usted...—murmuré recapacitando.—Creo que conozco el final de la historia... Cuando usted nombró á los Mayoral, empezó á trabajar mi cabeza... El nombre me sonaba... Tengo idea de que conozco á los dos hermanos, y ya voy reconstruyendo su figura... Leoncio, vivo, moreno, delgado; Santiago, rubio y algo más grueso... ¿Fué en esa cacería donde?...
—Donde Leoncio, creyendo disparar á un corzo, mató á Santiago de un balazo en la cabeza—respondió lentamente Gustavo, cruzando las manos con involuntaria angustia.—Santiago volvió tendido... Perdí á la vez mis dos amigos; porque el matador, si no enloqueció de repente, como pasa en las novelas y en las comedias, quedó en un estado de perturbación y de alelamiento que fué creciendo cada día; y quizás por olvidar cortos instantes la horrible escena, se entregó—él que era tan formalillo que hasta le embromábamos—á mil excesos, acabando así de idiotizarse. ¿Después de saber esta coincidencia, extrañará usted que me agrade poco sentarme á una mesa de trece? Por más que quiero dominarme, se me conoce el miedo... ¡El miedo, sí; hay que llamar á las cosas por su nombre!
—¿Y volvió á parecer la gitana?—pregunté con curiosidad.
—¡La gitana! ¡Quién sabe adónde vuelan esas cornejas agoreras!—exclamó Gustavo sombríamente.—Los de esa casta no tienen poso ni paradero... Como dice Cervantes, á su ligereza no la impiden grillos, ni la detienen barrancos, ni la contrastan paredes... Cuando velábamos al pobre Santiago, y tratábamos de impedir que se suicidase el desesperado Leoncio, ya la bruja debía de estar entre breñas, camino de Huelva ó de Portugal.
La bicha
HAN leído ustedes á Selgas?—preguntó la discreta viuda, cerrando su abanico antiguo de vernis Martín, una de esas joyas que para todo sirven, excepto para abanicarse.—¿Han leído á Selgas?
Los que formábamos peñita en la estufa, huyendo de los sofocados y atestados salones, movimos la cabeza. ¿Selgas? Un autor á quien, como suele decirse, «le ha pasado el sol por la puerta»... Nombre casi borrado ya...