—De muy buena gana. Es fácil que sea una adquisición. A esos muchachos, se les distingue á causa de lo que han escrito, con la esperanza de que, una vez en situación mejor, harán exactamente todo lo contrario de lo que escribieron. Su rasgo de usted, Lina, es de una malicia donosísima; es delicioso.

—Mi conciencia lo reprueba á veces.

—No se preocupe usted. Haremos por el kirkegaardiano—¿no ha dicho así?—cuanto quepa. Verá usted cómo le volvemos al sér natural, despojándole de la piel falsa de sus filosofías. Y, por otra parte, á usted le consta que no es ni sincero en las utopias que profesa.

Le invito á almorzar con Carranza al otro día. Se excusa porque se va aquella misma tarde á Zaragoza, adonde le llama una cuestión de sumo interés; y añade sin reticencia:

—¿Dónde se propone usted veranear?

—Confieso que todavía no lo he determinado.

Y después suplico:

—¿Por qué no me hace usted un plan de viaje?

—Con sumo gusto. Conozco á Europa; salgo cada año dos meses á respirar en ella. Forma parte de mis deberes y de mis estudios, eso que han dado en llamar europeización. Antes de que lo inventasen, yo lo practicaba. ¡Sucede así con tantas cosas! Usted, Lina, podría pasar quince días en París—las señoras en París tienen siempre mucho que hacer.—Antes debe usted detenerse en Biarritz y San Sebastián... Escribiré á la Duquesa de Ambas Castillas, que está allí y es muy buena amiga mía, para que la vea á usted y la acompañe. Este período que usted entretenga agradablemente, yo lo consagraré á imponerme bien de sus asuntos y á dejar jaloneada la defensa de su patrimonio. ¡No faltaba más! El bueno de D. Juan Clímaco Mascareñas y yo nos conocemos; he intervenido bastante en las cuestiones de su senaduría vitalicia; á mi padre se la debe. Voy á enterarme como Dios manda; el Sr. Farnesio me ilustrará. Y ya se andará con tiento el gitano. Tengo armas, si él las tiene. De eso respondo. No se preocupe usted. Desde París puede usted seguir á Suiza. Yo suelo dirigirme hacia ese lado. Allí tendría la honra de presentarla mis respetos... De Zaragoza regreso el día 15. ¿Cree usted haberse puesto en viaje para entonces?

—No es probable. Espero á una doncella inglesa que me envían, y sin la cual...