—Pues lo que ellas dicen y lo que dicen los otros... tal vez es igual. La declaración de mi santidad, para el caso, no crea usted que no sería lo propio que la de mi locura... Si quiere usted sacarme de aquí, Farnesio, no me santifique.

—Veo que no has perdido el buen humor...

Cuando se retiró, decidido á rescatar á la princesa del poder de malignos encantadores, suspiré. ¡Ojalá no lo consiga! Mejor me encontraba en el puerto, sin luchas, sin huracanes. ¿Logrará el que me trajo al mundo material, llevarme otra vez al mundo del peligro y de las tentaciones?

¡Estaba tan bien á solas contigo, Dulce Dueño! Hágase en mí tu voluntad...

INDICE

Páginas.
[I.][—Escuchad][5]
[II.][—Lina][73]
[III.][—Los procos][123]
[IV.][—El de Farnesio][153]
[V.][—Intermedio lírico][187]
[VI.][—El de Carranza][201]
[VII.][—Dulce dueño][257]