Farnesio se estremeció. Sin duda no contaba con este ataque.

—¿Ningún papel?—murmuró, en voz que trataba de aclarar y serenar.—Naturalmente que no hay papeles ahí. Yo soy quien te los entregaré, y en toda regla. La documentación del archivo de la señora, es de las mejores. ¡No se ha trabajado poco al efecto! Mi vida entera se consagró á esa tarea, puede decirse. No temas cuestiones ni pleitos. Ya se te comunicará también oficialmente el testamento. Los inventarios de la plata y alhajas, están hechos en vida de la señora, y legalizados. Creo que algún legado deja á los hijos de D. Juan Clímaco...

—¿No me entiende, ó me entiende demasiado?—cavilo, recelosa. Y, en voz alta, preparando el floretazo:—¿Qué dirá usted que he encontrado en este medallón?

Se inmutó tanto, que ni contestar podía. En su inquisición de papeles, no había pensado en las joyas, en que las joyas pueden guardar secretos. Le ví afligido de una especie de disnea, y pensé si estaría yo cometiendo el sacrilegio de los violadores de tumbas. Quizás temía Farnesio que el medallón guardase otra cosa. Respiró, cuando vió mi retrato.

—¿A ver? ¡Calle! ¡Tu retrato de niña!

Se enterneció. Y, con aquella flemita en la garganta que ya le había yo notado, en instantes de emoción, salió por esta inocentada:

—¡Ya lo ves, ya lo ves, si te quería tu bienhechora!

III

Me instalo en el bienestar—no en el lujo—de mi gran fortuna. El bienestar es práctico, y el lujo, estético. El lujo no se improvisa. El lujo, muy intensificado, constituye una obra de arte de las más difíciles de realizar. Yo tengo un ideal de lujo, hambre atrasada de mil refinamientos; ahora comprendo lo que he sufrido en la prosa de mi vida alcalaína. Otra mujer quizás hubiese encontrado hasta dulce aquel escondido vivir, pero mi fantasía y el culto que profeso á mi propia persona, me hicieron á veces llorar ante un puchero desportillado ó unos zapatos cuyo tacón empezaba á torcerse...

No está todavía depurado mi gusto para formarme mi envolvente lujosa, y, por ahora, me limito á la comodidad, á alegrar esta casa suntuosa que trasuda aburrimiento.