—Pero, mujer, si es para andar por el monte,—arguyó la defensora, impaciente y acalorada.—¿Había de llevar cola? ¡Si yo no fuese coja, me vestía como ella!
—¡Estarías bonita! Que te aproveche; á mí la de Rojas me parece un guardia civil...
Aquí llegaban de la discusión cuando entró un galancete, el juez municipal, muy rizado á hierro y muy soplado de cuello y puños, declarado aspirante de Flora; y Gastón aprovechó el momento para cambiar de conversación, porque ya sabía cuánto le importaba. Con esto pasaron del comedor á la sala de recibir, en cuya consola se ostentaba un soberbio reloj de mármol y bronce y dos candelabros del más puro estilo Imperio.
—Os reconozco,—pensó el señorito de Landrey,—os reconozco, reliquias de mi casa, testimonio de la rapacidad de este buitre... Ahora quiere que lo principal siga á lo accesorio, y se propone que el castillo haga compañía al reloj...
Distrájole de estos pensamientos Flora, preguntándole si tocaba el piano, sólo para buscar cháchara y que rabiase de celos aparte el juez municipal; y Gastón, que era sujeto abonado, se prestó admirablemente al juego.
IX
Iniciación
Con más impaciencia que antes deseaba Gastón el momento de saludar á Antonia Rojas, que ya tenía para él los alicientes del misterio; y pareciéndole que al tercer día no es incorrecto visitar á una señora que lo permite, escogió las primeras horas de la tarde y se echó á adivinar el camino, por no buscar guía que le condujese.