—Sí señor: todo lo que no sea levantarse para almorsá...

—Pues V. hoy madrugó otro tanto.

—Tuve corasonada. Esta tarde estarán buenos los toros: ¿No va V.?

—No: hoy no irá la Sahagún, y yo generalmente voy con ella.

—¿Y á las carreras de caballos?

—Menos; me cansan mucho: una revista de trapos y moños: una insulsez. Ni entiendo aquel tejemaneje de apuestas. Lo único divertido e el desfile.

—Y entonces, ¿porqué no va á San Isidro?

—¡A San Isidro! ¡Después de lo que nos predicó ayer mi paisano!

—Buen caso hase V. de su paisano.

—Y ¿creerá V. que con tantos años como llevo de vivir en Madrid, ni siquiera he visto la ermita?