Convalecí presto y no quise entrar más en el cuarto de mi tía.

Un Diplomático

NTRÓ la camarera, bandeja de plata en mano, y presentó á la duquesa el correo. Había en él periódicos franceses, Ilustraciones metidas en su fino camisón de seda, dos ó tres cartas de satinado sobre y heráldico timbre, y, nota desafinada en aquel concierto, otra carta más, cerrada consigo misma, sellada con obleas verdes, regado de gruesa arenilla el sobrescrito.