Echóse á reir la muchacha.

—No te rías—articuló él con acento opaco...—Haz el favor de no reirte, que yo no hablo de broma.

—Pero hombre... no me he de reir! Te enfadas porque me presentaré en las tablas muy compuesta... ¿Pues no vas tú también con el fondo del baúl encima? Vamos—añadió viendo la fisonomía contraída de Ramón—no seas majadero; ya sabes que trabajo por compromiso con el Vice-presidente y por complacer al señor de Gormaz... Buenos apuros me ha costado la tal función: hace tres noches que no duermo casi... Maldito el chiste que...

—Sí, sí, dices eso, pero otra te queda... Si no te gustase no irías allí de muestra, no irías.

—¿Tienes gana de armarla hoy? Pues para eso, pude venir sola.

—No—replicó él con más blandura—no te digo nada, Dios me libre, haz lo que quieras; pero tengo que advertirte una cosita, eso sí: no te parezca mal.

—Vamos á ver qué sale después de tanto aparato.

—Cuando nos casemos...

—De aquí allá!

—Cuando nos casemos—reiteró con firmeza el mozo—yo no consiento que vuelvas á representar, aunque se empeñe Dios del cielo... ¿Te has enterado?