—Permita Vd., señor de Estrella... con todo el respeto que Vd. me merece...—articuló Gálvez, metiendo su cucharada.
—No hay respeto que valga...—exclamó Estrella relampagueándole los ojos y dilatadas las ventanillas de su borbónica nariz.—No hay hoy nada, nada, nada, y tres veces nada... Hay un par de galanes regulares... pero lo que se llama un actor de facultades y fuerza, un Carlos Latorre, un Julián Romea... ¿á ver, va Vd. á hacerme el obsequio de decirme dónde está? Un actor de corazón, de esos que crean papeles de tal manera que ya nadie puede hacerlos después, como el Sullivan de Romea por ejemplo? ¿Pues y las mujeres?... Ahí, ahí quiero yo que Vd. me replique... ¿Qué hay en mujeres, qué hay? Cuatro gatitas, que sueltan unos mayidos, que sacan unas colas de raso y están pensando en ellas toda la noche... ¡Ah! Los que hemos alcanzado á Bárbara y Teodora Lamadrid y á la pobre Matilde, con aquella gracia suya, y sobre todo á la Concepción Rodríguez, la sublime trágica... ¿Te acuerdas tú de Concepción Rodríguez?
—¡Que si me acuerdo!—exclamó Gormaz electrizado á su vez.—Aún me parece que la estoy viendo y oyendo, con su voz que llegaba al alma... Dí: ¿y no te parece á ti que esta chica tiene un metal de voz, que así que lo trabaje, podrá asemejarse algo al de Concepción Rodríguez?
—Estaba pensando en decírtelo... La voz de esta chica es un tesoro, cuando lo pueda explotar bien... Además, su figura es sumamente bella.
—Por ahí le duele á don Juan—exclamó Gálvez dándole una palmadita en el hombro.
—Quiá! hombre. Si á mí no me queda ya sino lo que les queda á los toreros viejos: el sentido. Una chica guapa... ps... por el hecho de serlo, si uno fuese muchacho, se le podrían decir cuatro cosas... Pero para el arte, qué tiene que ver la belleza... La fealdad puede vencerse: y sinó, diga Vd.: ¿le parezco yo á usted, bonito?
Echáronse á reir Gálvez y Gormaz, y el primero dijo llanamente:
—Lo que es bonito, señor don Juan...
—Pues nunca fuí mejor mozo, y aquí donde Vd. me ve, aún he conseguido y consigo á veces que el público llore, ó se ría... De eso se trata. No obstante, á esa chica no le estorbará su buen físico para los primeros tiempos de la carrera... Además, parece muy niña...
—De diez y ocho á diez y nueve años.