—Y...
—Todo se lo he expuesto y se lo he manifestado de la mejor manera posible y apoyándolo con cuantas razones me sugirió mi pobre inteligencia. Le he dicho que usted le dispensaba una honra y le daba una prueba de afecto grandísima, elevándola al puesto de esposa suya, después de que...
—¡Ay Dios mío!—exclamó Gabriel tristemente.—Si se lo ha presentado usted como un favor, de fijo que se ha resentido su orgullo... y por altivez, por delicadeza, habrá sido capaz de negarse...
—No señor, no...
—¿Ha dicho que sí? ¿ha dicho que sí?—preguntó Gabriel afanosamente.
—Se ha negado...
—¡Ya!
—Pero por otras causas, que usted y yo estamos en el caso de respetar.
—¿Otras causas?
—Manuela se encuentra sinceramente arrepentida... La desventura, el golpe que ha recibido le han abierto mucho los ojos del alma. No desea más que expiar y llorar su culpa...