POR
Emilia Pardo Bazán
TOMO II
Barcelona
Daniel Cortezo y C.A-Editores
Calle de Pallars (Salón de S. Juan)
1887

Establecimiento tipográfico-editorial de Daniel Cortezo y C.ª

XIX

Se vistió la montañesa su ropa de diario, falda y chaqueta de lanilla á cuadros blancos y negros; y apenas había tenido tiempo más que para frotarse apresuradamente el rostro con la tohalla y atusarse el pelo ante un espejo todo estrellado por la alteración del azogue, cuando, oyendo dar las seis en el asmático reloj del comedor, salió de su cuarto andando de puntillas y bajó la escalera que comunicaba con la cocina, en aquel momento solitaria. Deslizóse por el corredor de las bodegas, que conducía á las elegantes habitaciones de la familia del Gallo; y apenas dió tres pasos por él, una mano musculosa aunque rehenchida y juvenil asió la suya, y se sintió arrastrada en medio de la oscuridad, hacia la puerta. Salieron de los Pazos, y, con deleite inexplicable, bebieron juntos la primer onda de fresco matutino.

Aunque el sol calentaba ya, aún se veía, sobre el azul turquesa del cielo, al parecer lavado y reavivado por el copioso orvallo nocturno, la faz casi borrada de la luna, semejante á la huella que sobre una superficie de cristal azul deja un dedo impregnado de polvillo de plata.

Sin decirse palabra, asidos de la mano, caminando unidos con andar ajustado y rápido, siguieron la linde de los trigos segados ya, humedeciéndose los pies al hollar la hierba y el tapiz de manzanillas todas empapadas de helado rocío, próximo á convertirse en escarcha. Cosa de un cuarto de hora andarían así, ascendiendo hacia la falda del monte, donde empezaban á escalonarse los paredones para el cultivo de las vides; y Perucho, en vez de aflojar el paso, lo apretaba más. A pesar de su ligereza de cabrita montés, Manuela mostró querer detenerse un instante.

—Anda, mujer, anda—dijo él imperiosamente.

—Hombre, ya ando... pero déjame tomar aliento. ¿Qué discurso es este de ir como locos?