Allí, allí sí que la acción podía adornarse con todos los requisitos que, según les enseñaban á ellos en clase de retórica, necesita la tragedia: peripecias, prótasis, epítasis y catástrofe. Por allí sí que rara vez, ó puede decirse que nunca, aportaba un agente de la autoridad, con el bastón alzado y la lengua regañona é insultante. Allí sí.... Pero ¡barajas! ¿Qué teníamos con eso? El asalto del castillo de San Wintila no era realizable sin que existiese un héroe, dispuesto á sacrificarse para mayor diversión y recreo de los demás; hacía falta un pandote, y nadie lo quería ser; todos aspiraban al lucido puesto de asaltantes. Hablóse de echar la china y la paja-perra; mas nadie se avino á fiar en los azares de la suerte. ¿Azares? Ó trampas.... ¡Vaya V. á saber! No, no; no hay confianza en la cuadrilla.... Sobre esto se armaba un gran vocerío, una acalorada discusión.—«Sois unos panarras, no servís para maldito....»—«Sí, sí, pues anda y sirve tú....; á ver si eres tú el que te mamas las piedras....»—«Hombre, pues á suertes....; la suerte es igual para todos.»—«Me cargo en la suerte; siempre haréis escamoteos y chanchullos....»—«Al Parrochal, hombre, al Parrochal, que allí no hay esas dificultades....»—«Pero ¡barajas! ¡Si en seguida asoma el General los bigotes, y avisa á los municipales para jericoplearnos!....»
Desalado, sudoroso y con el alma al borde de la boca, que abría de un jeme por no asfixiarse en su veloz corrida, llegaba entonces Telmo á juntarse con la banda.—«¿Qué querrá éste?»—gruñó Cartucho, fijándole de reojo con sus ojuelos maliciosos y bizcos.—«¿Quién es?»—preguntó un novato del grupo.—Y el hijo del armero silabeó misteriosamente:—«¿Que quién es, barajas? El cachorro del buchí».—«¡Contra! No me da la gana de jugar con él.»—«¡Déjalo, barajas! que ya tenemos pandote»,—replicó el caudillo con la firmeza y previsión del hábil estratégico que, en acciones de guerra, sabe aprovechar todo recurso.
Telmo se había parado, poseído de increíble timidez, á pocos pasos de la hueste. Toda la incitación de su esperanza; todo el pueril aplomo que le inspiraba la posesión de las dos brillantes monedas, trocóse en encogimiento horrible al verse próximo á la sociedad, que era para él lo que para la mujer tachada, el severo círculo aristocrático, ¡más inexpugnable que una muralla de hierro!, donde no logra penetrar nunca.—Telmo sentía físicamente el peso de su traje destrozado, descuidado y sucio, en presencia de aquellos niños que, aun en medio del desorden del juego, revelaban en su ropa más ó menos lujosa, pero aseada y bien recosida, el cuidado de dedos femeniles, el esmero de una madre, la posesión de un hogar. ¡Cuán felices ellos, con su cuaderno de apuntes en el bolsillo, emblema de la fraternidad escolar, con su alegre compañerismo, con sus horas de juego, con sus estudios que les habían de granjear un puesto entre las gentes, y cuán desdichado él, á quien tenían derecho de rechazar á puntapiés, como á can sarnoso!
Permanecía clavado en el mismo lugar, sin ánimos para decir palabra, agitada la respiración, repentinamente pálidas las mejillas, el corazón bailarín. Los dos pedazos de plata en que había fundado todas sus osadas hipótesis, le parecían ahora más ínfimos que dos ruedas de plomo. Sintió impulsos de agarrarlos y tirarlos también, imitando á la persona que sacó el brazo por la ventana de Moragas. ¡Qué idiotez, suponer que con aquellas monedas se podía comprar el derecho de asociarse á los chicos del Instituto! Ni siquiera prestaban el valor necesario para pronunciar intrépidamente la frase sacramental: «¿Me dejáis jugar con vosotros?»
La súplica sólo la formularon sus ojos, fijos con angustia en ambos cabecillas, quienes, á su vez, le consideraban con cierto desdén ó altanería indulgente. Al fin Edisón, entre despreciativo y magnánimo, se dignó dirigirle la palabra.
—Vamos á la playa de San Wintila. ¿Te quieres tú venir?
Telmo imaginó que se abrían los cielos y que escuchaba los cánticos de los serafines. Paralizado por la emoción, con la cabeza dijo que sí.
—Has de obedecer como un recluta.
Nuevo balanceo de cabeza.