Yobates.—Ninguno. Grita de terror porque imagina ver llegar á la Quimera. Es preciso que tú seas el héroe encargado de exterminarla.

Belerofonte.—La exterminaré, si me concedes llamarme esposo de tu hija.

Yobates.—Después de que hayas vencido á la Quimera, puedo prometértelo todo.

ACTO SEGUNDO

Los jardines del palacio de Yobates. Una estatua de Eros.

ESCENA PRIMERA

Casandra, Belerofonte. (Viste aún el traje de viajero.)

Casandra.—¿Nadie nos ha seguido? ¿Nadie nos espía?

Belerofonte.—Nadie. Rumor de hojas agitadas por el viento de la noche es lo que escuchas, amor mío, y sombras movedizas de ramas es lo que tomas por cuerpos de perseguidores.