Lo que juzgué sabor era amargura de ajenjo; lo que tuve por cristal era turbieza.
¿Será cierto que ahora voy rectamente? ¿Mis párpados habrán soltado su costra?
Me pesa aún el cuerpo. En el arca del pecho siento gravitar barras de plomo.
Quiero ir ligera, volandera.
Quiero vaciarme del todo, y dejar sitio á lo que va á nacer.
Arrancaré, limpiaré, despejaré, quemaré; con dolor, si es preciso; y mejor si es con dolor profundo.
Hay que quitar lo que oprime; hay que arrojar de la nueva morada á los duendes, á las sombras, á los muertos, á los espectros.
Duendes eran, y agitaban el aire.
Sombras eran, y arrastraban.
Muertos eran, y dolían, como el miembro cortado duele desde el cementerio.