Desnuda tu espíritu:
hallarás quietud.

Apaga tu fuego:
llama muy bella y activa se alzará después.

Avanza en la obscuridad:
tienta con las manos:
si caes, levántate y prosigue.

Séate dulce que corra sangre de las rodillas despellejadas.

No tengas miedo.

En la obscuridad palpita y se estremece tu destino.

Te llaman, te llaman, te llaman desde las tinieblas amasadas con rayos obscuros, como los que atravesaron tu carne y te mostraron tus huesos, tu verdadera figura, la duradera.”

SEGUNDA MEDITACIÓN.—LA ESCALA

Desnudo está ya mi espíritu, y sigo andando, andando. Entre la compacta negrura que me cerca, mis pies tropiezan con una escala; mis dedos se agarran á los montantes de hierro, duros, polarmente fríos, y empiezo á trepar.

¿Y si la escala no se apoyase en cosa alguna? ¿Y si bamboleándose conmigo, me precipitase al abismo, donde corre el torrente?