“Pues en mí, lo natural no existe.

“Soy una civilización entera que ha infundido á lo raro, á lo facticio, la vibración del arte.

“Mi pelo es tintura, mi húmeda boca es pintura, mi atractivo no es la exhibición de mi cuerpo, sino el saber recatarlo, cual se recatan los misterios de los santuarios.”

Angustiado, como el creyente á quien se le derrumba el ara de su fe, exclamo lanzándome hacia la cosmopolita:

—¿Dónde está la verdad?

Ella responde:

“—En ninguna parte. Todo es apariencia, ilusión, desfile de sombras chinescas sobre las paredes iluminadas ó lóbregas de nuestra alma.

“Todo cambia, nada persiste; y lo que ya profanó la admiración del populacho, no merece ni la mirada del artista.

“Las opiniones, los sentimientos de la multitud, ignórelos usted. Las sensaciones sencillas y francas... á los mozos de cuerda. La sensación hay que pasarla por alquitara, destilarla y oscilar entre ella—pero exquisita y sobreaguda—y el negro tedio que nos encamina á la realidad antiestética de la muerte...”