—¡Clarita Ayamonte!—dijeron después, al presentar Silvio un alto cuadro, casi de cuerpo entero.—¡Qué bien está! La hace usted mucho más guapa, y lo que nunca fué, muy elegantona. Ella siempre valió poco, y está atropellada como si tuviese cincuenta años; pero así y todo hay parecido, además de una creación poética.

Silvio sintió que montaba en cólera. Quería tratar con miramiento á las damas, muy influyentes en sociedad: la Calatrava, por el altísimo copete; la Camargo, por el círculo escogido que sabía formar á su alrededor; pero cuando los nervios de Silvio se encalabrinaban, el demontre. En su interior resolvió:

—¡Si éstas suponen que he de retratarlas!...

Justamente, un segundo después la Calatrava manifestó su deseo. Lo hizo con cierta displicencia, segura de dispensar un favor.

—Vendríamos... La hora se la avisaríamos á usted por teléfono cada vez... Porque si no, no seríamos nada exactas, ¿verdad, Angustias?—añadió, volviéndose á la Camargo.—En esta época del año no sé cómo se arregla, que está uno de un ocupado... ¡Es terrible!

—Lo siento en el alma, duquesa—respondió Silvio expeditivamente.—Ni fijando hora ustedes, ni fijándola yo, me sería posible, en mucho tiempo, encargarme de su retrato. Yo estoy de un agobiado de encargos, que ustedes no se pueden formar idea...

—¡Ah!—repuso, mordiéndose el labio y dando al codo á su amiga, la Calatrava. Un instante la sorpresa las paralizó. Ya se entendían las dos para una retirada hábil, que no dejase transparentar despecho, cuando la puerta del taller dió paso á un caballero de buen porte, no atildado, de aventajada estatura, de madura edad, de pelo y barba grises, casi blancos; y las dos damas le saludaron con ese afable apresuramiento que en Madrid, tierra de gente expansiva, se tributa á los que han estado ausentes, al regresar.

—Doctor, Doctor... ¡Bienvenido!

—¡Gracias á Dios!—repetía la Camargo—¡No nos estaba usted haciendo poca falta! Yo no he tenido un día bueno mientras usted rodó por esos mundos... ¿Puede usted ir mañana á mi casa?

—Desde luego, marquesa.