Trini indicó el gesto de desviarse, pálida y turbada.
—Por Dios! No así, Trini; no así. Hay que escuchar, y sobre todo hay que entender. Cuando usted haya entendido, decide. A la mujer la visito diariamente, pero no tengo con ella más relación que visitarla... Como si fuésemos hermanos. ¿No lo cree usted? No tengo para qué mentir. Es una enferma, una tísica. Si eso puede contribuir á la tranquilidad de usted, no la veré más.
—Pero el pequeño... No es... No es...—murmuró la muchacha, sin resolverse á concluir, y mostrando confusión y acortamiento.
—¿Mío...? Según como usted comprenda la idea de pertenencia y propiedad. No he besado á su madre nunca. Sin embargo, mío es el niño, porque mío quiero que sea... Fíjese usted. Tampoco usted es mía, y por el amor puedo apropiármela. El niño tiene mi sangre espiritual. De manera que es mi hijo.
—Todo eso... lo encuentro rarísimo... Perdone usted, Gaspar; me cuesta trabajo entenderlo.
—Malo, malo—discurrí en mi interior.—Corta de entendederas, corta de cara, carirredonda... ¡Malo! ¡Esta no es mi hembra!—Y una melancolía súbita me envolvió en su crespón inglés. No argüí nada; ella porfió:
—No se explica... Trate usted, por lo menos, de que yo acierte á descifrarlo.
—Creo que no podrá usted. Esto se descifra mediante un impulso, una corazonada. No haciéndose cargo de pronto, es ya difícil... ¡En fin!—Y resoplé desalentado:—¿No hay mil cosas inexplicables? Figúrese usted que la pidiesen explicaciones del por qué quiere un hombre á una mujer; del por qué nos es simpática una persona, y otra nos es insufrible... A mí ese niño me ha dado la grata sorpresa de inspirarme un interés que me... me distrae de otros pensamientos... algo... algo peligrosos; ¿te enteras, Trini?—Y al brusco tuteo, uní la caricia inesperada, un estrujón, un raspón á la mano contra mi bigote. Ella se encendió, su respiración se apresuró, y dijo balbuciente:
—No, Gaspar... No me entero... Pero es lo mismo. ¿Qué pretende usted? ¿Qué desea usted de mí? A ver si hay medio...
—Trini, si nos casamos, el niño se vendrá á casa... Serás su madre. ¿Lo serás?