—No sé que no les pase algo en el camino, porque anda todo revuelto.... Me dijo esa misma chica que hoy sin falta venía la República....
—Hace... ocho días que la están anunciando....
—Calla, no hables, que te puede venir el delirio....
Y la Comadreja se dedicó a arrullar al infante mientras Amparo se sepultaba otra vez en un sopor que le dejaba el cerebro hueco, la cabeza vacía, anonadando su pensamiento y haciéndola insensible a lo que pasaba en torno suyo. Los pasos de Chinto la llamaron a la vida otra vez. Abrió los ojos, que, en la palidez amarillosa de su morena cara, parecían mayores y azulados. Chinto se acercó andando de puntillas, torpón y zambo como siempre. Además parecía hallarse muy turbado.
—Caro me costó que me dejasen pasar al cuartel—murmuró con su estropajosa habla de paisano, que salía a relucir de nuevo en los lances difíciles—. No se puede andar.... Todo está revuelto.... La gente corre como loca por las calles.... Allí... dice que se marchó el Rey.... Que en Madrí hay República....
Medio se incorporó Amparo, apartando de la frente los negros cabellos lacios con el sudor que los empapaba....
—¿Qué me dices?—balbució.
—Lo que te digo, mujer.... El alcalde y el gobernador ya echaron muchos bandos, que los vi en las esquinas.... Y están poniendo trapos de color en los balcones....
—¡Será la cierta!—clamó alzando las manos—. Sigue, sigue.
—Pues fui al cuartel... y allí no estaba....